Pequeña gran vida

El cine del realizador Alexander Payne presenta varias constantes como su tendencia al uso del humor ácido, a veces descarnado y con mucho sarcasmo, para hacer de sus historias una crítica a la sociedad norteamericana, a los conflictos familiares, las fallas en los ...

El cine del realizador Alexander Payne presenta varias constantes como su tendencia al uso del humor ácido, a veces descarnado y con mucho sarcasmo, para hacer de sus historias una crítica a la sociedad norteamericana, a los conflictos familiares, las fallas en los servicios sociales, las crisis en las relaciones de pareja, la insatisfacción personal. Sobre todo, sabe construir personajes muy humanos, comunes y corrientes, rayando en lo patético, con carencias, fallas, soledad, inseguros, grises, hasta con miedo.

Todo eso y más comparten The Election-La trampa, Sideways-Entre copas, Los descendientes, Nebraska, Las confesiones del señor Schmidt y otras, de las cuales, en la mayoría, Payne es el autor de los guiones en colaboración con otros escritores.

Con Pequeña gran vida (Downsizing, Estados Unidos, 2017), esta mirada crítica hacia dentro de su propia cultura parece no haber caído muy bien en su país. Escribiendo de nuevo con Jim Taylor (La Trampa, Las confesiones del señor Schmidt, Entre copas por cuyo guión ganaron el Oscar), Payne incursiona en la ciencia ficción con su mismo estilo y cuenta una fábula divertida, original, arriesgada, pero que se pierde en algunos puntos débiles en el guión, sobre todo el mensaje que se filtra hacia la segunda parte y un final que se siente forzado.

Su protagonista es Paul Safranek, un fisioterapeuta que se dedica a la terapia ocupacional, cuya monótona vida en Omaha se desenvuelve entre su trabajo en una clínica y las visitas diarias a su madre enferma.

Matt Damon es una buena selección para dar vida a este personaje, pues su aspecto es muy “gringo” y caracteriza bien a un hombre que no tiene mayores ambiciones en la vida. Está enorme interpretando a un ser muy pequeño en muchos sentidos.

En la trama, años después, Paul se ha casado con Audrey (Kristen Wiig) y viven al día, soñando con mejorar y comprarse una casa que está fuera de sus posibilidades. La respuesta a sus inquietudes viene cuando se ponen en contacto con una empresa

que ha perfeccionado un método para reducir a las

personas hasta una medida de 12 cm (downsizing del título).

La mínima talla implica muchos beneficios, como vivir en pequeños vecindarios de maqueta, perfectamente habilitados con los servicios más modernos y mansiones de lujo en donde podrían hasta dejar de trabajar.

La reducción de las personas además puede contribuir a paliar la crisis de sobrepoblación del planeta. Un sueño hecho realidad.

Tras pensarlo un poco, la pareja acuerda someterse al procedimiento. Después de una decisión inesperada de Audrey, Paul se ve insertado en este mundo “perfecto”. Sus nuevos amigos, en muy buenas interpretaciones de actores secundarios como el excelente Christoph Waltz y la actriz tailandesa Hong Chau, que se roba buenos momentos de la película, contribuyen a hacer que se sostenga una cinta que no termina de cuajar por las debilidades del guión, pero que sin duda es una muy buena opción de esta temporada.

Muy recomendable.

Temas: