Una bella luz interior
La directora francesa Claire Denis coescribe con Christine Angot una película muy femenina, pero que, francamente, le vendría muy bien verla a no pocos hombres. Con su estilo característico, pausado, tomándose su tiempo, acercando mucho la cámara a los rostros de ...
La directora francesa Claire Denis coescribe con Christine Angot una película muy femenina, pero que, francamente, le vendría muy bien verla a no pocos hombres.
Con su estilo característico, pausado, tomándose su tiempo, acercando mucho la cámara a los rostros de los actores, manteniendo largos close ups de ellos, jugando con el paneo (mover lentamente de un actor al otro la cámara en un diálogo, sin hacer cortes), etcétera. Claire Denis ahora trabaja con una de las mejores actrices francesas de la actualidad: Juliette Binoche, a la que el personaje de Isabelle le queda como anillo al dedo.
Una bella luz interior (Un beau soleil intérieur, Francia 2017) es la historia de una mujer en la madurez que se encuentra en plena crisis. Isabelle es una mujer cercana a los cincuenta, divorciada y con una hija de diez años, pintora, sensual, autosuficiente, guapa, dueña de sus decisiones. Está en la búsqueda del amor, del sexo, de un lugar en la vida, de estabilidad, de comprensión, pero, sobre todo, de sí misma. Isabelle no se ve cómoda, siente que no encaja en ninguna parte.
La historia está contada a través de las relaciones que va estableciendo con diferentes hombres que hablan un idioma muy distinto al suyo. Desde el banquero arrogante, casado (“nunca voy a abandonar a mi mujer”), muy, pero muy macho, que se sabe deteriorado físicamente, viejo y con sobrepeso, y que basa su agresivo aplomo en el trato con los demás, sobre todo con las mujeres, en su considerable poder económico. O el actor, más joven que Isabelle, que mal ha entrado en su vida cuando ya se arrepintió.
O su propio exmarido, con el que ha perdido por completo la conexión.
El dilema de Isabelle es muy común en las mujeres actuales de su edad. Quieren encontrar una pareja que las entienda y con quien puedan caminar toda la vida, pero han desarrollado una independencia gracias a su propio esfuerzo y trabajo. Son mujeres hechas a sí mismas y aunque están dispuestas a mantener relaciones con hombres casados, lo peor que les puede pasar es enamorarse de uno, pues son sujetos egoístas, que quieren lo mejor de ambos mundos: la “respetabilidad” de un hogar estable, con esposa, hijos, nietos y un perro junto a la chimenea, y la aventura con una mujer libre, inteligente, sin inhibiciones sexuales, a la que ven cada que el cuerpo lo pide.
Eso le pasa a Isabelle. No tiene ningún tipo de restricción para vivir su sexualidad y, aunque pareciera que su libertad le abre las puertas del mundo, es profundamente infeliz. Se equivoca y se vuelve a equivocar, incluso en el relato ése es un aspecto que se vuelve reiterativo con diálogos insustanciales y que parecen no abonar a que Isabelle encuentre la luz al final del túnel.
Es recomendable por ver una buena actuación de Juliette Binoche.
