Camino a Marte
Después de Oveja Negra, I Hate Love y Paraíso perdido, el cineasta Humberto Hinojosa se mantiene fiel a su interés por la exploración de los temas, inquietudes y conflictos propios de su generación, y ahora estrena Camino a Marte, coescrita con su colaborador Anton ...
Después de Oveja Negra, I Hate Love y Paraíso perdido, el cineasta Humberto Hinojosa se mantiene fiel a su interés por la exploración de los temas, inquietudes y conflictos propios de su generación, y ahora estrena Camino a Marte, coescrita con su colaborador Anton Goenechea. Es una película con un público objetivo muy definido entre los 18 y 35 años, aproximadamente, con algunas fallas en su estructura narrativa y la construcción de los personajes, pero que tiene en las actuaciones de los tres protagonistas su mayor valor.
La historia se ubica en Baja California, previo a la entrada de una amenazante tormenta tropical. Emilia, muy bien Tessa Ia que ya no es la niña de Después de Lucía y da muestras de su evolución como actriz, es una joven que está hospitalizada para el tratamiento de la enfermedad terminal que padece. Emilia ha decidido dejar de luchar. Con su amiga Violeta, Camila Sodi, que aporta los momentos de humor, toman carretera para ir a la playa de Balandra y salen del hospital. Cabe la pregunta: si tuvieras una hija que está muriendo y desaparece del hospital, ¿no pararías el mundo de cabeza hasta encontrarla?
Emilia es el personaje mejor descrito de los tres y Tessa Ia es muy convincente, pero ni ella ni Violeta tienen una cabal construcción de sus pasados, no hay antecedentes ni contexto. Ése puede ser el factor que hace que tome tiempo identificarse con ellas.
En esta road movie, las dos amigas se encuentran con un hombre misterioso a la mitad de la carretera. Porta un casco, está herido y diciendo incoherencias, por lo que Emilia le pide a Violeta que no lo abandonen. Luis Gerardo Méndez, que además funge como productor y tenía tiempo a la espera de un personaje en el cine que lo sacara del trillado “mirrey”, encarna a este joven extraño, que sostiene que viene de otro planeta, parece tener la sensibilidad de percibir que algo anda mal en el cuerpo de Emilia y que actúa de manera atípica. Recuerda un poco K-Pax, de 2001, en la que Kevin Spacey interpreta un personaje muy parecido que sostiene que es extraterrestre.
El desarrollo de Mark, este supuesto alienígena, se toma demasiado tiempo. La primera parte es lenta y divaga en conversaciones insustanciales que se pasan a la cursilería, haciendo difícil la conexión por parte del espectador.
Hacia la segunda parte, el relato se levanta y, aunque un poco tarde, nos permite la conexión emocional con la trama. La película viene de menos a más y el desenlace es francamente bueno.
Insisto, la mayor virtud de Camino a Marte son las actuaciones de Luis Gerardo Méndez, Camila Sodi y, sobre todo, de Tessa Ia, que se adueña de varios momentos de la película.
