Lo que el viento no se llevó
Afortunadamente se cruzó en mi camino una película que no me canso de ver, que ha envejecido, no lo niego, pero que se disfruta de nuevo con todo y sus casi tres horas de duración: Lo que el viento se llevó, de 1939, en la que Vivien Leigh se apoderó del personaje ...
Afortunadamente se cruzó en mi camino una película que no me canso de ver, que ha envejecido, no lo niego, pero que se disfruta de nuevo con todo y sus casi tres horas de duración: Lo que el viento se llevó, de 1939, en la que Vivien Leigh se apoderó del personaje con el que ha sido identificada toda su carrera y por el que recibió uno de los diez premios Oscar que ganó la película en sus 13 nominaciones: la rebelde sureña Scarlett O’Hara. La conducen dos directores: Victor Fleming y George Cukor, gran director de actrices que no aparece en los créditos.
Casi 80 años después, todos hemos oído hablar de Lo que el viento se llevó. Cuenta con varios datos anecdóticos que la hacen interesante y, todavía, única. El cine empezaba en esa década de los 30 a aplicar varias innovaciones: ya existía el sonido; era el apogeo del star system, en el que los actores y actrices eran rodeados de un halo de divinidad en la mente de los espectadores; los grandes estudios empezaban a engolosinarse con las superproducciones. Cuando, en los corrillos hollywoodenses, se destapó el secreto a voces de que se venía un nuevo proyecto ambicioso de Metro Goldwyn Mayer (MGM), basado en la novela éxito de ventas Lo que el viento se llevó —por cierto, única obra de la escritora Margaret Mitchell, por la que, además, ganó el Premio Pulitzer—, las actrices y actores más renombrados del momento hacían cola para los castings que buscaban encontrar a la protagonista Scarlet O’Hara y al displicente Rhett Butler, junto con otros personajes, como la encantadora, dulce y bondadosa Melanie, el lánguido Ashley Wilkes, la incondicional nana Mammy, interpretada por Hattie McDaniel, primera afroamericana en ser nominada y ganar el Oscar, etcétera.
La Scarlett O’Hara de Lo que el viento se llevó rompía esquemas de su época y eso la hacía aún más atrayente. Era una “niña bien”, millonaria que a mediados del siglo XIX vivía en una plantación algodonera en Georgia, estado que basaba su economía en la esclavitud. La familia de Scarlett trataba con consideración a sus esclavos e incluso establecían lazos de afecto, pero no por eso dejaban de serlo. Scarlett, interpretada por Vivien Leigh a los 25 años, era una joven de carácter fuerte, enamorada o, más bien, deslumbrada por la persona equivocada y que, en diferentes etapas del relato, durante y después de la Guerra de Secesión y la estrepitosa derrota del Sur, utiliza sus encantos para seducir y manipular a una larga lista de jóvenes vacuos en función de sus propios intereses. Es muy bella, astuta, impetuosa y se rebela al conservadurismo social, a las reglas e imposiciones contra las mujeres, es mañosa, mustia, miente, pasa sobre lo que sea. Un personaje muy bien descrito al que el viento no se llevó
