Suburbicon. Bienvenidos al paraíso
Este viernes se estrena en México lo que parece un experimento del actor George Clooney, venido a director con buenos resultados en películas como Confesiones de una mente peligrosa; Buenas noches, buena suerte Good night, and good luck; Poder y ambición The ides of ...
Este viernes se estrena en México lo que parece un experimento del actor George Clooney, venido a director con buenos resultados en películas como Confesiones de una mente peligrosa; Buenas noches, buena suerte (Good night, and good luck); Poder y ambición (The ides of March) y también, aunque de menor calidad, Operación monumento (The Monuments Men) y Leatherheads.
Ahora, Clooney se une a sus viejos amigos, los hermanos Ethan y Joel Coen, para coescribir con ellos y Grant Heslov Suburbicon. Bienvenidos al paraíso (Suburbicon, Estados Unidos, 2017), en la que, además, se coloca en el puesto del director de una película que desde hace varios años había querido filmar y que no acaba de funcionar.
La llamo experimento porque le apostaron a dos líneas argumentales que no alcanzaron a hacer que se cruzaran, aunque se relacionan apenas tangencialmente. La ventaja, siendo sarcástica, es que se ven dos películas por un boleto.
Clooney ubica la acción en los años cincuenta, en los tiempos del crecimiento de los suburbios. Un spot publicitario invita a vivir en Suburbicon, donde todo es perfecto y la vida es un paraíso, claro, si eres blanco, conservador y racista. Recuerda un poco en sus primeros minutos el planteamiento de The Stepford Wives, también El show de Truman, en las que la apariencia de paraíso esconde un verdadero infierno.
El guión se enfoca en la familia Lodge formada por el gris padre, muy bien, hay que decirlo, Matt Damon; la esposa que vive en una silla de ruedas, como consecuencia de un accidente, y la cuñada, hermana gemela de ella. Ambas a cargo de Julianne Moore, que es espléndida en estos personajes. Lo mejor de la película es la interpretación del pequeño Noah Jupe que se roba todas sus escenas como Nicky, el hijo único de esta familia.
Paralelamente a la introducción de esta familia, Clooney desarrolla la otra trama, la de los Mayers, una familia afroamericana que, inexplicablemente, considerando el feroz rechazo que hay hacia los negros por parte de la cerrada comunidad blanca de Suburbicon, decide mudarse a vivir en la casa vecina a la de los Lodge. Las hostilidades no se hacen esperar.
Una noche, la familia Lodge es asaltada en su casa y los dos delincuentes duermen a los cuatro con cloroformo, pero a la señora Lodge le administran una dosis mucho mayor que la pone en coma. Ahí es fácil empezar a pensar mal, pero muy mal. Nicky presencia todo, y, sobre todo, retiene los rostros de los delincuentes.
Simultáneamente, en la casa de al lado las cosas se ponen peor. Los vecinos blancos están decididos a hacer que los Mayers se vayan, los rechazan en la calle, en el super, arrojan basura a su predio y les hacen ruido las 24 horas del día.
Si Clooney quiso ligar a los Lodge, que andan en lo suyo, con los Mayers, que están en lo mismo, definitivamente no lo logró y ahí es donde Suburbicon. Bienvenidos al paraíso se viene estrepitosamente abajo.
Aun así, se deja ver, sólo eso.
