Baby Driver

Podríamos disertar en varios de estos espacios en torno a la noción de que ya todas las historias están contadas. Sí, sé lo que estás pensado. Todavía hay mucho que decir, mucho que contar. Pero si lo analizamos con detenimiento, particularmente en el cine, muchas ...

Podríamos disertar en varios de estos espacios en torno a la noción de que ya todas las historias están contadas. Sí, sé lo que estás pensado. Todavía hay mucho que decir, mucho que contar. Pero si lo analizamos con detenimiento, particularmente en el cine, muchas historias se repiten hasta el hartazgo. La magia, la verdadera clave para hacer que un relato sea diferente está en la forma de contarlo. Si eres original para contar algo tan gastado como una historia de amor, vas a seducir al público.

Ésa es la razón del éxito de Baby Driver, escrita y dirigida por el inglés Edgar Wright, que cobró fama a raíz de Scott Pilgrim vs. The World, conocida en México como Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños. Con un título torpemente tropicalizado como Baby: El Aprendiz del crimen, esta cinta no descubre el hilo negro ni deja de ser una historia de bandidos desalmados de las que Hollywood ha hecho verdadera apología, pero la forma en que Edgar Wright estructuró el guión, estableció el ritmo y la edición, privilegió la música y dirigió a sus actores, la hacen una película original, muy diferente.

Baby, muy bien Ansel Elgort es un joven con una habilidad extraordinaria como conductor. Trabaja al servicio de Doc, Kevin Spacey, quien hace verdaderas creaciones de sus personajes. Doc es el líder de una banda de ladrones que comete atracos planeados meticulosamente

—hasta con maquetas— por el propio Doc. El trabajo de Baby consiste en esperarlos en la calle y al momento que aparecen con su botín y la policía pisándoles los talones, los tiene que sacar a toda velocidad del lugar de los hechos y ponerlos a salvo, lo cual da pie a persecuciones impecables. Ansel Elgort hace de Baby un chavo que despierta la empatía del espectador.

Wright refuerza su estilo personal al introducir un detalle que marca la diferencia. Baby tuvo un accidente automovilístico de niño y desde entonces un persistente zumbido de oídos lo acompaña día y noche. Para neutralizarlo, usa siempre unos audífonos y escucha música todo el tiempo. De su cerebro pasa a formar parte de la banda sonora de la película, marcando el ritmo, la edición y las muy bien coreografiadas persecuciones. En el apartado técnico, la película es redonda.

El reparto tiene otras figuras que destacan. El propio Spacey, con Jon Hamm y Jamie Foxx, como los desquiciados miembros de su banda. También está la mexicana Eiza González, quien cumple dentro del gastado estereotipo de la latina entrona que es la novia del ladrón y a la que no le tiembla la mano para soltar balazos.

Edgar Wright presenta un buen espectáculo. Insisto, es otra historia de policías y ladrones, más bien de ladrones, pero que tiene la virtud de hacerse sumamente atractiva por la forma original en que se mezclan la historia y los muy depurados recursos técnicos en la pantalla.

Muy recomendable.

Temas: