París puede esperar
Un ejemplo de la llevada y traída y desafortunada frase “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, son Francis Ford Coppola y su esposa por más de 60 años Eleanor Coppola. Cual soldaderaAdelita, la señora ha seguido y apoyado a su marido en todos sus ...
Un ejemplo de la llevada y traída —y desafortunada— frase “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, son Francis Ford Coppola y su esposa por más de 60 años Eleanor Coppola. Cual soldadera-Adelita, la señora ha seguido y apoyado a su marido en todos sus proyectos, ha puesto en riesgo su estabilidad familiar, emocional y económica, y ha sido su paño de lágrimas en las buenas y en las malas. Como suele suceder, quien se lleva las palmas, la foto, la entrevista, los premios, los créditos, etcétera, es él, y Eleanor ha quedado en un discreto segundo plano.
A sus 81 años, Eleanor Coppola decide debutar con un largometraje de ficción en el que se autorretrata y de alguna manera parece querer purgar sus demonios, pero se queda corta con un trabajo en el que, por alguna extraña razón, no supo proyectar su alma, lo que seguramente tiene de sobra.
París puede esperar (Paris Can Wait-Bonjour Anne, Japón-Estados Unidos, 2016) es una película escrita por ella, cuya acción gira en torno de Anne la esposa de Michael, un exitoso productor de cine interpretado en escasos tres minutos en pantalla por Alec Baldwin. Ella es la dulce y serena Diane Lane, a quien le queda interpretar mujeres maduras, todavía atractivas y sensuales. En la relación con su esposo, Anne tiene un eterno rival además de su trabajo: el celular de él. Cada vez que van a iniciar una conversación, una llamada la interrumpe. Ella está totalmente acostumbrada o, mejor dicho, resignada.
Un severo dolor de oídos hace que Anne no pueda volar con Michael a Budapest desde Cannes, y el socio de él se ofrece para llevarla en coche a París. El actor Arnaud Viard es Jacques, quien le organiza a Anne un viaje por esa región de la campiña francesa entre bellos paisajes, buena comida y bebida. Hasta aquí vamos bien, con una road movie de fórmula que parece que promete, pero que no cumple.
Empezando por la pareja protagónica de Diane Lane y Arnaud Viard que carecen por completo de química. No pocas secuencias son forzadas, sin espontaneidad o frescura. La película se llega a sentir larga y aburrida. Eleanor Coppola cuenta una historia descafeinada sin un género definido, aunque se acerca de manera tibia a la comedia romántica. Si su intención era hacer una ficción autobiográfica, le faltó garra, honestidad y saber conmover al público. En ningún momento hay tensión sexual ni romance.
En suma, París puede esperar es un buen tour para ricos que gustan de bonitas vistas y buenos restaurantes. Porque eso sí ¡qué bien comieron en ese rodaje!
