Fausto
Desde la semana pasada se proyecta en algunas pantallas nacionales la película mexicana Fausto, tercer largometraje de José Julián Vázquez, producido y dirigido por él, con un guión de su autoría y la de Arturo Méndez. El cine mexicano se ocupa poco o nada del tema ...
Desde la semana pasada se proyecta en algunas pantallas nacionales la película mexicana Fausto, tercer largometraje de José Julián Vázquez, producido y dirigido por él, con un guión de su autoría y la de Arturo Méndez.
El cine mexicano se ocupa poco o nada del tema de los viajes en el tiempo. Asumo que es por el incremento en los presupuestos, ya de por sí muy castigados en el cine nacional, al tener que recrear otras épocas, pasadas o futuras.
Este drama gira en torno de Fausto Mendizábal y Ana, su esposa. Los conocemos cuando se preparan para asistir a un homenaje que se le hace a la gran trayectoria de él como pintor. Son un matrimonio en sus sesenta, sin hijos, con una evidente prosperidad económica fruto del éxito de Fausto en el mundo del arte. El pintor está interpretado por Juan Carlos Barreto, quien es muy convincente en su personaje, Ana es Rosa María Bianchi, quien, con escasos minutos, describe de manera excepcional a una mujer atormentada, contenida, muy deprimida, que ha vivido a la sombra de él y en silencio.
Fausto ha entregado su vida a la pintura y esto ha afectado su matrimonio sin que él se dé cuenta. Una frase de Ana con respecto al homenaje, dicha, además, en un tono muy preciso, retrata lo que ella ha guardado por años: “La estrella nunca deja de brillar”. Ana se está derrumbando y Fausto, aun cuando la ama profundamente, no se ha dado cuenta.
Un doloroso incidente provoca un giro y es cuando el argumento se despega de las historias de amor contadas recientemente en el cine nacional para viajar 40 años al pasado, al bellísimo pueblo de Cuetzalan, en Puebla, donde Ana y Fausto nacieron y vivieron los primeros sinsabores de su compleja y larga historia de amor.
Fausto cuenta con un amplio reparto encabezado por Barreto, quien carga bien el peso dramático de la narración, Pablo Astiazarán, quien es Fausto de joven, Rosa María Bianchi, quien le deja un reto enorme a la debutante Odalys Ramírez, a quien le falta todavía mucha experiencia como actriz y que representa a Ana en su juventud.
El objetivo de José Julián Vázquez es contar una historia sobre sueños, amores, sacrificios, proyectos, que viaja en dos tiempos, la actualidad y el año 1967, sin mayores pretensiones, pero no puede evitar caer en varios clichés del género que hacen un poco predecible la trama con un final que se siente forzado.
Tiene buen score y selecciones musicales. La fotografía pudo haber explotado más la belleza de Cuetzalan y sus alrededores.
Fausto es una buena opción para pasar un rato agradable.
