Un hombre gruñón

Seguramente le ha pasado que cuando hace planes para ir al cine quiere encontrar una película ligera y simple, que le permita olvidar problemas, sin conflictos ni tragedias. Pero, a la vez, en esa necesidad, se agradece un trabajo que nos haga cuestionarnos, que aporte una ...

Seguramente le ha pasado que cuando hace planes para ir al cine quiere encontrar una película ligera y simple, que le permita olvidar problemas, sin conflictos ni tragedias. Pero, a la vez, en esa necesidad, se agradece un trabajo que nos haga cuestionarnos, que aporte una reflexión sobre el sentido de la vida, que nos permita sonreír y pasar un rato agradable.

Un hombre gruñón (En man som heter Ove-Un hombre llamado Ove, Suecia 2015) se estrenó en México el viernes pasado y puede ser perfectamente la opción que usted está buscando. Este año estuvo nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera y también en el rubro de maquillaje y peinados.

Personalmente, no la veo como una película a la altura de Bajo la arena o El cliente, que ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera, pero Un hombre gruñón fue la cinta extranjera más taquillera del 2016 en Estados Unidos. Es una buena mezcla de comedia y drama que cuenta la historia de Ove, un hombre cercano a los sesenta, solitario, viudo, sin familia, amargado y, en efecto, muy gruñón. Ove es el típico personaje antisocial que, en el fondo, tiene un corazón enorme. Está interpretado por el actor Rolf Lassgård, con larga trayectoria en el cine y televisión de Suecia, donde es, además, muy popular.

Vive en un condominio del que es el exigente administrador. Por todas partes hay letreros, puestos por él, para meter el orden a los vecinos, pero es casi militarizado: no circule en coche por esta calle, no pasee al perro por este prado, asegure las puertas del garaje, cierre la puerta al entrar. Lo que se antoja elemental, Ove lo hace de manera impositiva. Para agudizar aún más su amargura, en el trabajo deciden que ya es hora de que se vaya a descansar y es entonces cuando empieza a perder el sentido de la vida.

Un hombre gruñón está basada en la novela Un hombre llamado Ove, de Fredrik Backman, y recuerda mucho Las confesiones del señor Schmidt, de Alexander Payne, en la que Jack Nicholson es un hombre mayor que enviuda al empezar la película y, además, se jubila. Incluso ambas historias comparten el recurso narrativo de que los protagonistas cuentan su vida hablando con otra persona. En el caso de Las confesiones del señor Schmidt es un pequeño africano al que no conoce y le envía dinero que acompaña con cartas en las que le comparte su día a día.

Ove visita con frecuencia la tumba donde está enterrada su mujer, habla con ella, le lleva flores, la limpia, etcétera. Ove ha perdido el interés por seguir viviendo y decide suicidarse y cada vez que lo intenta se insertan flashbacks que nos cuentan el pasado de Ove desde su infancia. Una vecina recién llegada y sus hijas vienen a romper los esquemas de este hombre cuadrado y también encuentran el camino a su corazón.

Es recomendable.

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