Bienvenidos a Grecia

La crisis económica de Grecia y los problemas en que ha metido a la Unión Europea dan pie a una comedia producida por Alemania y Grecia para contar una historia que daba para ser muy divertida, pero que, después de unos 20 minutos que funcionan, empieza a caer y ya no ...

La crisis económica de Grecia y los problemas en que ha metido a la Unión Europea dan pie a una comedia producida por Alemania y Grecia para contar una historia que daba para ser muy divertida, pero que, después de unos 20 minutos que funcionan, empieza a caer y ya no levanta.

Bienvenidos a Grecia, dirigida por Aron Lehmann en 2015 y filmada en la isla griega de Tinos, muy cercana a Mikonos. El argumento echa mano de la situación de los bancos europeos, particularmente alemanes, que han entrado en conflicto con sus deudores griegos, los cuales recibieron mucho dinero para sostener su economía y parece ser que se lo gastaron en otras cosas.

La película se ubica en la isla de Paladiki, un lugar paradisiaco como tantas zonas de ese país. Con muy pocos habitantes, la vida en Paladiki transcurre plácidamente entre el azul intenso del mar, el intenso sol, el blanco deslumbrante de sus casas, la belleza de sus playas y la simpleza de sus pobladores.

Los problemas llegan a Paladiki cuando Jörg Geissner, el resignado representante de un banco alemán que prestó millones de euros a la isla, se presenta con la misión de supervisar que el dinero se haya gastado para lo que estaba destinado: la construcción de una planta eléctrica y un hospital que la directiva del banco sospecha que no existen. De ser así, el banco se cobrará construyendo en las playas vírgenes de Paladiki —que tienen un gran potencial turístico— un gran complejo hotelero, a lo que los apacibles habitantes se oponen rotundamente. Para ocultar el fraude, un grupo de paladikes ha echado a andar un engaño y en torno a esa puesta en escena y el choque de culturas tan radicalmente opuestas, gira la comicidad en Bienvenidos a Grecia.

La primera parte fluye bien, desde la llegada de Jörg, que es un hombre gris, cuadrado, siempre muy trajeado, que no suelta un portafolios en una isla tropical en la que hace calor y la vestimenta es informal y escasa. Los habitantes de Paladiki le parecen seres incomprensibles, pero lo mismo les pasa a ellos con Jörg, el cual recibe constantes llamadas de su furibunda jefa, que quiere resultados ya. A partir de ahí, Bienvenidos a Grecia va perdiendo su espontaneidad, pues abundan los clichés, tanto en las situaciones y los gags como en la descripción de los personajes.

Está armada con elementos comunes a este tipo de comedias en torno a la dificultad de convivencia y comprensión cuando hay diferencias culturales y se hacen predecibles. Los estereotipos son conocidos ya: los griegos, en la buena vida; en el otro extremo, el típico alemán con poco sentido del humor. Tiene momentos de humor que proveen las mañas de los griegos para no ser descubiertos. Entretiene a secas.

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