Almacenados

Por allá de 2015 tuve oportunidad de ver la obra Almacenados en el Foro Shakespeare, en la Ciudad de México. Se ha representado varias veces en otros escenarios con mucho éxito, en gran medida por la dupla de protagonistas: Héctor Bonilla y su hijo Sergio, dirigidos por ...

Por allá de 2015 tuve oportunidad de ver la obra Almacenados en el Foro Shakespeare, en la Ciudad de México. Se ha representado varias veces en otros escenarios con mucho éxito, en gran medida por la dupla de protagonistas: Héctor Bonilla y su hijo Sergio, dirigidos por Fernando Bonilla.

Escrita por el catalán David Desola también ha tenido puestas en escena en otros países y ahora en México tenemos una versión cinematográfica actualmente en cartelera, dirigida por Jack Zagha, adaptando el mismo texto de Desola. Es su tercer largometraje después de Adiós mundo cruel de 2010 y Hasta el último trago de 2014, coescrita por él y David Desola. Ambas son películas que merecían mejor pasar por las pantallas nacionales, sobre todo la segunda, pero el monstruo de la industria estadunidense es imbatible.

En el teatro disfruté mucho de Almacenados. El Foro Shakespeare era el escenario ideal para una obra que transcurre íntegramente en un inmenso almacén vacío y que está interpretada por dos actores que se desempeñan en la mejor tradición del teatro del absurdo. Bonilla padre es Lino, el veterano encargado de esa gran bodega en la que no hay más mobiliario que su escritorio y una silla. Ahí espera desde las 7 de la mañana a que lleguen los camiones que transportan astas y mástiles que fabrica Salvaleón, S. A. de C. V. La historia se cuenta en los cinco días que transcurren a partir de la llegada de Nin, un veinteañero que será entrenado por Lino para poder asumir la gran responsabilidad de supervisar el sospechoso almacén.

Llevar Almacenados al cine se antojaba empresa compleja, considerando que todo sucede en un solo lugar, el almacén, que se convierte en un tercer personaje. El riesgo de convertirla en teatro filmado era algo en lo que se podía caer fácilmente y de hecho hay algunos momentos en que así se siente. Pero su valor radica en la espléndida dirección de Zagha y el trabajo de los dos actores protagonistas: José Carlos Ruiz en el papel de Lino, y Hoze Meléndez como el joven Nin.

Lino lleva casi 30 años desempeñándose como supervisor del almacén, labor que realiza de manera obsesiva, rutinaria, sin cambiar ninguno de sus movimientos: inicia su día puntualmente, se pone la bata, checa tarjeta, se sienta en su escritorio, desayuna, barre, espera, espera y espera… pero no pasa nada, ni pasará. No es difícil diagnosticar que está muy afectado de sus facultades mentales, pero en medio de todo tiene una sabiduría muy particular y su razón de ser en la vida es cumplir con su deber.

Nin es una personalidad opuesta en apariencia, aunque en el curso del relato se va pareciendo mucho a Lino, que es testarudo y de ideas fijas, pero al que poco a poco va comprendiendo. Sus conversaciones, que caen en la simpleza y el absurdo, confrontan a un hombre maduro con un joven inexperto cuyas vidas cambiarán para siempre en esos cinco días.

Muy recomendable.

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