Plaza de la Soledad

El cine mexicano sigue dando muestras de que en el área del documental destacan historias excepcionales muy bien contadas. El recién llegado a las carteleras comerciales, desgraciadamente en un circuito reducido, pero bien distribuido, es Plaza de la Soledad, de Maya ...

El cine mexicano sigue dando muestras de que en el área del documental destacan historias excepcionales muy bien contadas. El recién llegado a las carteleras comerciales, desgraciadamente en un circuito reducido, pero bien distribuido, es Plaza de la Soledad, de Maya Goded, con larga y reconocida trayectoria en la fotografía y que ahora debuta como cineasta con un trabajo impecable.

Maya se ha internado desde hace años en el corazón de La Merced, que a su vez es el corazón de la Ciudad de México. Se ha ocupado de temas relacionados con la mujer en la realidad mexicana. La prostitución en esa zona ha sido interpretada por su lente en el libro Plaza de la Soledad con fotografías en blanco y negro. Ese proceso le permitió establecer lazos de amistad con muchas mujeres que posaron para su cámara y que hoy, años después, cuentan sus vidas en este documental.

Se antoja difícil visitar ese mundo sin caer en la sordidez, el amarillismo, el melodrama, el prejuicio. Sin embargo, Maya Goded explora a fondo a estas sexoservidoras, algunas casi ancianas, que abren su alma y comparten sus momentos tristes y oscuros, pero, sobre todo, iluminan la pantalla con sonrisas, picardía, coquetería, deseo, dignidad, ilusiones y sueños.

No es un documental sobre la prostitución de ninguna manera. Es una disección de aquellas olvidadas, de las que nadie habla, y que a nadie le importan. Mujeres con alegría de vivir, que defienden su derecho al ejercicio de su sexualidad, a amar y ser amadas. Mujeres con hambre, cuerpos reales, con defectos, con kilos de más, avejentados, pero, insisto, cuerpos reales. Mujeres golpeadas, violadas, abandonadas, humilladas; mujeres que han vivido embarazos adolescentes casi infantiles, repudiadas por sus familias y, a veces, por sus propios hijos.

Sobrevivientes con rostros surcados de arrugas y manchas, quienes dejaron de ser niñas prematuramente, que han sufrido la adversidad y la violencia de la vida, pero que aún se gustan; que presumen, se maquillan, que con dignidad se enfundan en un ajustado vestido viejo para ser las más atractivas a los clientes que rondan la Plaza de la Soledad.

Maya Goded prescinde de la voz de un narrador y las historias las van contando las propias protagonistas: Carmen, Lety, Esther, Ángeles, Lupe y Raquel, nos permiten el ingreso a su intimidad y, entre bromas, lágrimas, recuerdos, risas, música, baile, canto, amores y desamores, van armando su pasado y su presente con espontaneidad y frescura. Algunas comparten la vida con hombres que aman, otros que las explotan, otros más que les hablan con poesía mientras le dan lustre a sus zapatos.

Plaza de la Soledad es la historia de la relación de estas mujeres con la propia Maya Goded. Es apenas la punta de un gran iceberg que se forma de la tragedia y la fuerza de cada una para salir adelante.

Es también un registro del complejo mosaico del palpitante corazón de nuestra ciudad.

Es un testimonio de nosotros mismos que hay que ver.

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