La Bella y la Bestia, ¿qué necesidad?

Conversando con una representante muy pensante de la llamada generación millennial, revisamos el fenómeno del éxito de La Bella y la Bestia de 1990 que retoma el cuento clásico francés, que ya había sido llevado anteriormente a la pantalla. Bella en aquella versión ...

Conversando con una representante muy pensante de la llamada generación millennial, revisamos el fenómeno del éxito de La Bella y la Bestia de 1990 que retoma el cuento clásico francés, que ya había sido llevado anteriormente a la pantalla. Bella en aquella versión cambió la forma en que Disney presentaba a las mujeres hasta ese momento. Es la primera protagonista con iniciativa, no es una princesa que sueña con un hombre que la salve de algo, quiere “algo más que vida provincial”, lee, no se deslumbra con el codiciado galán del pueblo, quiere ser autosuficiente y ampliar sus horizontes. Se cruza con un ser físicamente desagradable, amargado e iracundo, pero ella por su inteligencia y sensibilidad puede domarlo y además puede ver lo que hay realmente en su interior. Las niñas de entonces, las millennials de hoy, encontraron un patrón de identificación perfecto en esta joven aldeana.

La Bella y la Bestia de 1990 recibió seis  nominaciones al Oscar y ganó dos, desde luego por el espléndido score de Howard Ashman y Alan Menken. Fue además la primera vez que una película animada era candidata al premio como Mejor Película.

Pero resulta que ahora Disney ha dado en retomar sus clásicos animados para conquistar a un público muy joven, que probablemente no los conoce, y llevarlos a la acción viva con actores de moda que son un buen gancho en la taquilla, en la que han obtenido jugosas ganancias “refriteándose” a sí mismos.

Es el caso de esta nueva versión dirigida por Bill Condon y protagonizada por Emma Watson. Watson está bien arropada por un reparto impresionante: Kevin Kline, como siempre convincente como el papá, Dan Stevens como la Bestia, Luke Evans, que se roba varios momentos como Gastón, y Josh Gad como LeFou, que se hizo popular por la ridícula polémica en torno a la insinuación de la homosexualidad del personaje. Los acompañan las voces y fugaces presencias de Emma Thompson como la señora Potts, Ewan McGregor como Lumière, Ian McKellen como Din don. Nada menos.

La puesta en escena es impecable, ni dudarlo, es Disney. El argumento es exactamente el mismo, como bien se ha dicho se trata de una calca, pero hay diferencias sustanciales que la hacen muy inferior a la primera versión, como son las nuevas canciones que no le hacen falta a un score fuera de serie; los personajes secundarios que han caído en el hechizo junto con la Bestia: Lumière, Din don, la señora Potts y su hijo, generados digitalmente, distan de tener la simpatía y personalidad de los de la versión animada. Como dijo una niña junto a mí: no tienen chiste. Emma Watson no puede competir con la simpatía de la Bella de los dibujos animados.

Ya hablamos de Trainspotting y lo bien logrado por Danny Boyle de su segunda parte T2: Trainspotting. En el caso de esta nueva versión de La Bella y la Bestia cabe la pregunta, ¿para qué?... bueno, ya sé que por la lana, pero, ¿para qué más?

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