T2 Trainspotting

En 1996, el director británico Danny Boyle dio su salto a la fama con Trainspotting, conocida en nuestro país como La vida en el abismo, adaptada por John Hodges de la novela homónima de Irvine Welsh, que usa un peculiar dialecto escocés. Trainspotting, que evoca a una ...

En 1996, el director británico Danny Boyle dio su salto a la fama con Trainspotting, conocida en nuestro país como La vida en el abismo, adaptada por John Hodges de la novela homónima de Irvine Welsh, que usa un peculiar dialecto escocés.

Trainspotting, que evoca a una Naranja mecánica, de Stanly Kubrick, no ha envejecido gracias al estilo de filmar tan característico de Boyle. Un ritmo frenético, saturación del color, espacios asfixiantes, los excelentes desplazamientos de la cámara, planos inverosímiles, una banda sonora que queda superada en T2 Trainspotting, la hacen una película vigente, moderna, intrigante, que nos mantiene conectados de principio a fin.

Cuando se anuncia una continuación o segunda parte de una cinta como Trainspotting: La vida en el abismo, que marcó una generación y es una película redonda, es inevitable sentir ciertas dudas e incluso pensar, como en otros casos, que hay historias que no deben tocarse, que hay que dejarlas como están.

Pero Danny Boyle sorprende muy favorablemente con T2:Trainspotting, que retoma a los personajes 21 años después para contar cuál ha sido su suerte. Con el riesgo de desencantar a la audiencia que conserva el recuerdo, la identificación y hasta el cariño hacia Begbie, Spud, Sick Boy y Renton

—que en la primera parte están inmersos en una voraz espiral de adicción a la heroína que los ha llevado a la degradación y la autodestrucción—, John Hodges de nuevo adapta la historia de Irvine Welsh y hace evolucionar y madurar a los cuatro, que son ahora cuarentones y han seguido adelante con sus vidas después del abrupto desenlace de la historia de su juventud.

Antes de continuar, quiero comentarle que es indispensable ver antes Trainspotting, de 1996. Ambas películas están estrechamente relacionadas, son los mismos personajes, la misma ciudad de Edimburgo que, por cierto, es otro personaje, y prácticamente los mismos secundarios.

En T2 Trainspotting, que también tiene muchos guiños a Kubrick, Mark Renton (Ewan McGregor) regresa a Edimburgo a buscar a sus amigos, con los que perdió completamente el contacto 21 años atrás. Mark ha dejado la heroína, vive en Ámsterdam, ha formado una familia y es contador público. Sabe que sus amigos no estarán felices de verlo, pero de todas formas va buscando a todos menos a Begbie (Robert Carlyle), que ha jurado matarlo.

Por su parte, Sick Boy (Johnny Lee Miller), que sigue decolorándose el pelo, se ha instalado como proxeneta y extorsionador, continúa con sus planes descabellados y no ha dejado la droga. Lo mismo pasa con Spud (Ewen Brenmer), quien vive en condiciones deplorables y alejado de su esposa e hijo por su incapacidad para abandonar su adicción. La historia de Begbie no es muy distinta. El único que no consume droga, aunque es alcohólico y con una aguda sicopatía, ha pasado años en la cárcel y se propone de alguna manera escapar de su encierro.

Una inteligente propuesta que cierra el círculo con nostalgia y de la que no se sale decepcionado en absoluto. Elige la vida. Elige ver T2.

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