Neruda

Pablo Larraín es un realizador chileno de indudable talento. Lo ha demostrado con películas realizadas en su país como Tony Manero, Post Mortem, No y El club. Protagonizadas por su actor fetiche Alfredo Castro, todas llevan un contenido de fuerte crítica social y ...

Pablo Larraín es un realizador chileno de indudable talento. Lo ha demostrado con películas realizadas en su país como Tony Manero, Post Mortem, No y El club. Protagonizadas por su actor fetiche Alfredo Castro, todas llevan un contenido de fuerte crítica social y política, a veces enmarcado en la etapa de la dictadura pinochetista y cómo golpeó este periodo a la sociedad chilena, que se vio castigada por la persecución represiva y la falta de libertades.

Con un guión de Guillermo Calderón, autor también de la historia en la espléndida El Club, Larraín dirigió Neruda, que se estrena este viernes en nuestro país. Es una ficción desarrollada en torno al periodo de la persecución que el poeta ganador del Premio Nobel, Pablo Neruda, sufrió en su propio país por órdenes del entonces presidente González Videla (Alfredo Castro), que había declarado ilegal el Partido Comunista Chileno del que Neruda era un miembro activo y, además, era un crítico frontal de las políticas del Presidente contra la clase obrera de su país. En una época de feroz anticomunismo, Neruda no buscaba la clandestinidad. Como senador dice a voz en cuello lo que piensa y es perseguido obsesivamente mientras empieza a escribir Canto General.

La película plantea una situación ficticia protagonizada por un policía imaginario, Óscar Peluchonneau (Gael García Bernal), al que el propio Presidente le asigna la misión de cazar a Neruda para que sea encarcelado. García Bernal ya ha trabajado con Larraín y Castro en No, y aquí de nuevo muestra su habilidad para adueñarse de ese acento tan peculiar con que se habla el español en Chile. Óscar narra la película y alterna la primera y tercera persona para referirse a sí mismo.

Su presa es un Pablo Neruda, al que se retrata con sus luces y sombras. Por una parte, un extraordinario talento e influencia como intelectual y escritor con sus férreas convicciones y activismo comunista. Por otro lado, vemos a un hombre ególatra y soberbio, aburguesado, instalado casi en un concepto mesiánico de sí mismo. Le da vida el actor chileno Luis Gnecco, quien tiene una reconocida trayectoria como actor de comedia en su país y que convence en su caracterización del poeta, pero no invita a la conexión con el público.

En el juego del cazador y su presa, en que el primero siempre va unos pasos atrás del segundo, García Bernal hace un buen trabajo como el gris y metódico policía. Por momentos se resiente su voz cansina narrando prácticamente toda la película.

Hay cierta ambigüedad en la descripción de los personajes. En Jackie, su siguiente película, que le valió una nominación al Oscar a Natalie Portman, también hay ambigüedad, pero alcanzamos a conectarnos con la pesadilla y el dolor del personaje.

En Neruda, por cierto, con esplendida fotografía, el cazador y la presa se perciben distanciados, transitando una ficción casi surrealista que se aleja del espectador, en la que es difícil involucrarse con el cazador o con la presa.

Con un buen trabajo de los actores, es recomendable.

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