13 mujeres desesperadas

Los gemelos Arab y Tarzan Nasser debutan en la dirección de una historia escrita por ellos mismos, en esta película que nos llega de Palestina en coproducción con Qatar y Francia. Parecería que nos hemos acostumbrado a la existencia de zonas en conflicto en las que el ...

Los gemelos Arab y Tarzan Nasser debutan en la dirección de una historia escrita por ellos mismos, en esta película que nos llega de Palestina en coproducción con Qatar y Francia.

Parecería que nos hemos acostumbrado a la existencia de zonas en conflicto en las que el fantasma de la guerra, la persecución y la violencia se ha acomodado y echado raíces entre los habitantes de esas regiones, como la Franja de Gaza, que es donde se desarrolla esta historia.

Los hermanos Nasser han forjado una visión alternativa de Palestina y el mundo árabe a través del programa Made in Palestina Project, que promueve el arte audiovisual enfocándose particularmente en ese país.

Tras años y años de tensiones y miedo, los niños siguen asistiendo a la escuela, los hombres al trabajo, las mamás también trabajan y están a cargo de sus familias, las parejas se siguen casando, las mujeres tienen hijos. La presencia de grupos antagónicos en las calles fuertemente armados no las detiene para ir al salón a arreglarse para una boda, pintarse el pelo, hacerse un manicure o depilarse.

Hay que enfatizar que 13 mujeres desesperadas ha sido prohibida en Palestina. Su acción transcurre prácticamente en su totalidad en un salón de belleza en la Franja de Gaza que, además del acoso israelí, se ve más castigada por las pugnas internas entre diferentes grupos y facciones.

En el espacio asfixiante del salón se encuentran un grupo de mujeres que, como la mayoría de los habitantes, siguen viviendo, aunque con temor, en medio de la zozobra e incertidumbre que provocan oír una explosión a lo lejos, una ráfaga de ametralladora a unas cuantas cuadras, preguntándose cuándo será demasiado cerca.

Los hermanos Nasser debutan en un ejercicio interesante y original, pero que tiene dificultades para sostenerse y generar suspenso, muy falto de ritmo, casi anticlimático. El atractivo dramático de que toda la acción suceda en un mismo espacio y casi en tiempo real no está bien aprovechado, salvo dos o tres secuencias.

No es el salón de belleza de Magnolias de acero, pero se parece mucho. Una novia que se arregla para su boda, una embarazada a punto de parir, una religiosa en extremo, una divorciada, otra adicta a pastillas, la dueña del salón y su caprichosa hija, la empleada que es esposa de un guerrillero que se ha robado un león del zoológico. Todas conviven y discuten, pelean y discuten mucho, y la situación se agrava cuando se va la luz y el calor y la prisa de todas por ser atendidas hace más tenso el ambiente. El género es drama con pocos momentos de humor que no alcanzan para definirla como una comedia negra.

El robo del león provoca un enfrentamiento a las puertas del salón en el que se baja la cortina quedando la acción reducida a la penumbra. Los sonidos de la guerra están afuera, pero las mujeres atrapadas en el microcosmos de un salón de belleza viven su propia guerra, de hartazgo y desesperación.

Es interesante pero, insisto, no logra el impacto que promete la premisa inicial.

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