Captain Fantastic

La reciente película escrita y dirigida por el también actor Matt Ross se mueve hacia el tono de la fábula, casi una metáfora fantástica, pero va cargada con una serie de mensajes, reflexiones y cuestionamientos que la convierten en una oferta que hay que ver por su ...

La reciente película escrita y dirigida por el también actor Matt Ross se mueve hacia el tono de la fábula, casi una metáfora fantástica, pero va cargada con una serie de mensajes, reflexiones y cuestionamientos que la convierten en una oferta que hay que ver por su exploración de lo diferente, alejado del establishment y lo socialmente aceptado.

Viggo Mortensen es el alternativo papá de seis chavos que van desde un adolescente hasta una pequeña de escasos cuatro años. Por iniciativa suya y de su esposa, todos han vivido siempre alejados de la civilización, entendiendo ésta en parte a través de los servicios elementales tales como agua, luz, escuelas, hospitales, comodidades, tiendas, servicios médicos. Desde luego ni pensar en videojuegos, teléfonos, televisión, computadoras, radios, cine. No suena tan mal ¿verdad?

Ben, Mortensen, y la esposa, se han entregado a la educación de sus hijos a los que han expuesto a temas y materias que se antojarían muy elevadas o inaccesibles para niños pequeños. Con la premisa “El poder para el pueblo. Abajo el sistema” han ido inculcando en ellos un rechazo al capitalismo, consumismo, religión, gobiernos y presiones sociales. Parece que estamos ante un loco amoroso, que en el curso del relato demuestra que está muy cuerdo. Su pecado es ir contra la corriente, querer un mundo mejor para sus hijos.

Captain Fantastic retrata un experimento educativo, filosófico y existencial que nos presenta una realidad idílica en la que el personaje del padre logra una conexión inmediata con los espectadores, pues ante todo adora a sus hijos y quiere lo que él supone su bienestar, desarrollándolos en un esquema interesante, enseñándolos a rebelarse contra lo establecido. Parecería que el modelo de Ben y su esposa es perfecto, pues hay orden y una sólida estructura familiar, hay disciplina, división de las obligaciones, madurez, armonía, respeto, convivencia, actividad física, las preguntas se contestan sin reparos ni recovecos, comen lo que cultivan, hay contacto con la naturaleza, cantan a la luz de una fogata, ven las estrellas, saben de arte y música, están rodeados de libros, muchos libros. En suma, son una familia muy feliz hasta que un evento trágico los fuerza a acercarse al resto de sus familiares.

Lo que queda claro en este experimento desde los primeros minutos, es que no podrá ser eterno, porque uno como espectador y a pesar de sentir empatía por la familia, especialmente por el personaje del padre, se pregunta cómo será la inserción de esos niños en el mundo, cómo será su proceso de socialización. Pueden cazar y deshuesar un animal para su comida pero, ¿cómo interactuarán con otros niños o jóvenes dada la hora?, ¿cómo asumirán la educación tradicional de una escuela que buscará acallar su hambre de cambiar el mundo, de no tragarse todo lo que les digan?, ¿los verán como bichos raros cuando en segundo de primaria quieran hablar de Platón?

Es muy recomendable.

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