La vida inmoral de la pareja ideal
Después de No sé si cortarme las venas o dejármelas largas, de 2013, y Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando, de 2014, el director y guionista Manolo Caro, que evidentemente gusta de los títulos largos, estrena hoy La vida inmoral de la pareja ideal. Con todo y ...
Después de No sé si cortarme las venas o dejármelas largas, de 2013, y Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando, de 2014, el director y guionista Manolo Caro, que evidentemente gusta de los títulos largos, estrena hoy La vida inmoral de la pareja ideal. Con todo y el riesgo de los títulos con tantas palabras, como sería confundirlos y hasta olvidarlos, Caro le apuesta a esta línea como una manera de tener su sello personal.
Mucho más redonda que sus antecesoras, ésta, su más reciente producción, de nuevo apela a los llamados millennials, pero, en este caso, también a los de la generación X. La selección musical, muy de aquellos noventa y dos miles, es impecable y representa un gran atractivo de la película: Julieta Venegas, Soda Stereo, Alaska, Radio Futura, Caifanes, Leonardo de Lozanne, son algunos nombres del que se antoja un muy logrado soundtrack.
Hoy los grandes dueños del mercado son los millennials. Y eso lo tiene bien claro Manolo que, además de ser parte de esa generación, la entiende bien y sabe cómo contarle historias con las que se pueda identificar. La vida inmoral de la pareja ideal está filmada íntegramente en San Miguel de Allende y, con una espléndida fotografía, enfatiza la belleza de esa ciudad y da una cara amable de Mexico en una buena comedia romántica, género que algunos desdeñan dada la situación actual del país, pero que, innegablemente, contribuye a sanear la taquilla de una industria cinematográfica como la nuestra, que pasa por tantos obstáculos para sobrevivir. El primero de ellos, que su público natural vea las películas, y éste tipo de comedias sí se ven en México.
El argumento maneja dos tiempos y cuenta la historia de amor de Martina (Cecilia Suárez en la madurez, Ximena Romo en la adolescencia), una maestra de ballet cercana a los 40 que vive en San Miguel y un día se encuentra en la calle con Lucio (Manuel García Rulfo en la madurez, Sebastián Aguirre en la adolescencia). Tienen 25 años de no verse. A los 16 y 17 vivieron una intensa relación con toda la fuerza del amor que se siente en esa etapa de la vida y que deja una marca indeleble.
Al reencontrarse descubren que la chispa sigue ahí, pero harán todo lo posible para deslumbrarse mutuamente y mostrarle al otro que están felices y realizados con parejas, aunque no sea así. Pasando a la comedia de enredos ahí se luce el cuadro de actores como Andrés Almeida, que sigue pareciéndome un talento desperdiciado; Mariana Treviño, que se mueve con una espontaneidad y naturalidad sorprendentes; Paz Vega, que le da un toque medio “amodovariano” a la película, y Juan Pablo Medina.
En este tipo de películas el lenguaje está estrechamente asociado al videoclip, de ahí que la música sea muy importante, aunque por momentos le resta continuidad a la acción.
Es una comedia sin más pretensión que divertir y entretener, y lo logra.
