Morgan

Con una carga pesada en su apellido, Luke Scott debuta en el cine como director con una película de ciencia ficción, Morgan Estados Unidos, 2016. Scott es hijo de Ridley y sobrino de Tony, quien falleciera en 2012. El guión de Morgan es de otro debutante, Seth W. Owen. ...

Con una carga pesada en su apellido, Luke Scott debuta en el cine como director con una película de ciencia ficción, Morgan (Estados Unidos, 2016). Scott es hijo de Ridley y sobrino de Tony, quien falleciera en 2012.

El guión de Morgan es de otro debutante, Seth W. Owen. La cinta se suma a la larga lista de películas que abordan, a través de la ciencia ficción, el explotado tema de los alcances de la tecnología, en términos de los humanoides dotados con inteligencias que se revierten contra sus creadores, que jugaron a ser Dios. Desde que el cine existe los robots inteligentes han dado pie a infinidad de títulos: Metrópolis, 2001: Una odisea del espacio, A. I. Inteligencia Artificial, la serie Terminator, Chappie, Her, Matrix, y recientemente Exmachina. En todas hay una constante: la lucha de estas criaturas robóticas por sobrevivir a costa de lo que sea.

Es de esta última, dirigida por Alex Garland, y de Inteligencia Artificial de Steven Spielberg son de las que Morgan recibe la mayor influencia, sin superar a ninguna de las dos. La de Spielberg es además una película con una gran primera parte en la que se ve el toque del autor de la idea original, Stanley Kubrick. Exmachina tiene a su vez influencia de Kubrick, sobre todo en su estética y lenguaje.

En ambas películas los androides, uno con aspecto de niño y otro diseñado como una joven mujer, han sido creados para convivir con humanos, en un plano intelectual, emocional y de afecto. El niño robot de Inteligencia Artificial ha sido concebido exclusivamente para dar y recibir amor, y la historia se desarrolla en términos del destino de esa máquina cuando es rechazada y ya no encuentra una razón de existir.

Exmachina es una exploración brillante en torno a esa “humanidad” de las máquinas que aún no se alcanza, pero que la ciencia ficción ya ve a la vuelta de la esquina.

Morgan se ubica en un lugar en las montañas, lejos de todo, al que llega la especialista en detección de riesgos de una empresa que ha creado un robot, con el cuerpo de una inofensiva adolescente, que tras atacar con violencia a uno de los científicos que participaron en su creación, se ha convertido en un peligro potencial. La misión de la agente (Kate Mara) es determinar si es necesario eliminar a la autómata bautizada como Morgan, que a pesar de tener sólo cino años luce como una adolescente y ha desarrollado una capacidad particular para establecer vínculos de afecto e identificación con el equipo de científicos que también se ha encariñado con ella. Está bien interpretada por Anya Taylor-Joy, la enigmática protagonista de La Bruja.

A partir de este punto la historia se hace predecible y poblada de lugares comunes. Paul Giamatti, aunque desaprovechado, brinda con Taylor-Joy la mejor secuencia de la película en la evaluación siquiátrica, pero varios giros van dejando ver prematuramente cuál será el desenlace.

Morgan no es la película con la que a Luke Scott le puedan decir “hijo de tigre, pintito”.

Sólo entretiene.

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