Mis mejores días
Paul Dédalus es un antropólogo francés que vive en Tayikistán y ha decidido volver a París después de años de ausencia. En su viaje es detenido por empleados de migración que lo someten a un interrogatorio, pues les ha resultado sospechoso y suponen que puede estar ...
Paul Dédalus es un antropólogo francés que vive en Tayikistán y ha decidido volver a París después de años de ausencia. En su viaje es detenido por empleados de migración que lo someten a un interrogatorio, pues les ha resultado sospechoso y suponen que puede estar involucrado en una misión de espionaje. Así, Paul inicia un viaje al pasado hasta los años remotos de su infancia.
Con este recurso, el realizador Arnaud Desplechin, quien también participa en la elaboración del guión, nos embarca en un atractivo relato sobre la intimidad de los rincones de la memoria de un hombre, su familia, pérdidas, descubrimientos, adolescencia, amigos, deslealtades, pasión, ideales, que forman parte de los recuerdos de Paul Dédalus, interpretado en su edad adulta por Mathieu Amalric en la película Mis mejores días (Troi souvenirs de ma jeunesse, Francia 2015)—Tres recuerdos de mi juventud—.
Aunque se toma demasiado tiempo para entrar en materia, la película está dividida en tres etapas, la película usa recursos narrativos que le dan una gran belleza a las imágenes, destacando la fotografía, que invita a la nostalgia de tiempos pasados, y el efecto de iniciar el paseo por cada recuerdo como si observáramos la acción a través de una pequeña ventana redonda, que enfatiza esa sensación de estar viajando por la intimidad de la memoria de Paul.
Con un ritmo pausado, la narración retrocede a su niñez, que crece en el seno de una familia atormentada por la enfermedad mental de su madre. Su hermano y hermana sufren junto con él, y su padre es violento y distante. Paul de hecho es un niño impulsivo, con arrebatos, de carácter fuerte.
Hacia la mitad viene otro momento decisivo en la vida de Paul cuando, siendo ya un adolescente interpretado por Quentin Dolmaire, un joven actor de gran talento y que aparece en prácticamente toda la película, viaja con un amigo a la Unión Soviética comprometido con sus ideales políticos en una peligrosa misión muy bien recreada, en que la película se pasa al thriller y nos mantiene en un logrado suspenso. Seguramente el cine francés, como Hollywood, hace también comedias bobas sobre adolescentes, pero en Mis mejores días la exploración de esta etapa del protagonista es profunda, con sustancia, enfatizando en su crisis existencial y hasta filosófica, en una convincente revisión de años particularmente intensos para el personaje. Se observa cierta influencia del cine de François Truffaut.
El tercer acto gira en torno a la arrolladora pasión que Paul sintió por Esther (Lou Roy-Lecollinet), una compañera de escuela. Esther es enigmática, displicente, libre, sensual, voluble. No tiene problemas para involucrarse sexualmente con varios jóvenes. Paul y ella se enamoran con toda la fuerza de su adolescencia, ésa que los lleva a sentir que no pueden estar el uno sin el otro, en una historia de amor que marca sus vidas. Desplechin nos hace sus cómplices cuando su apasionado intercambio epistolar es leído hacia la cámara por cada uno de ellos.
En Mis mejores días destaca la solidez del guión y dirección de Arnaud Desplechin, las buenas actuaciones de la pareja joven y una gran banda sonora.
Una opción diferente y muy recomendable.
