El engaño del siglo

Aunque tarde, pero sin duda en fechas muy oportunas por la llegada de los Juegos Olímpicos, se estrena El engaño del siglo The Program, Reino UnidoFrancia, 2015. Antes de entrar en detalles, me permito una nota de color dándole a usted los títulos que se le han puesto ...

Aunque tarde, pero sin duda en fechas muy oportunas por la llegada de los Juegos Olímpicos, se estrena El engaño del siglo (The Program, Reino Unido-Francia, 2015).

Antes de entrar en detalles, me permito una nota de color dándole a usted los títulos que se le han puesto en otros países a El programa (en el original), pues parece que comercialmente a nadie le gusta: El ídolo, en España; Programado para vencer, en Brasil; La última leyenda, en Italia; Vencer a cualquier precio, en Portugal. Aquí me referiré a su título en México: El engaño del siglo.

El protagonista de este engaño es el ciclista norteamericano Lance Armstrong, fenómeno de ese deporte que ganó siete veces la Tour de Francia, siendo descubierto más tarde en un complot conocido como “el programa”, en el que él y su equipo consumieron sustancias prohibidas para optimizar su rendimiento en las pistas. Es de esas películas en las que todos conocemos el final. Lo interesante aquí no es el “qué”, sino el “cómo” se fraguó esta gran mentira.

Dirigida por Stephen Frears, está basada en el libro Los siete pecados capitales, del periodista irlandés del Sunday Times, David Walsh, a quien da vida el solvente actor Chris O’Dowd. En la trama, Walsh empieza a sospechar del impecable rendimiento de Armstrong e inicia una exhaustiva investigación, pues está seguro de que está consumiendo sustancias prohibidas. El problema es que el objeto de sus punzantes notas es un ídolo que, además, está arropado por muchos intereses y millones de dólares que nadie quiere afectar. Walsh va develando toda una conspiración de silencio de alcances inimaginables.

Armstrong está muy bien interpretado por el actor Ben Foster, quien se encuentra ante el mejor momento de su carrera como actor y quien, a través de una eficiente caracterización, alcanza un parecido convincente con el ciclista y luce muy bien preparado físicamente.

Sólo vi en una ocasión a Armstrong en una entrevista y fue en la que concedió a Oprah Winfrey admitiendo el fraude del que fue la figura principal. Se veía mas bien prudente, casi sumiso, pero parece que en sus tiempos de gloria estaba lejos de serlo.

Frears presenta a un hombre arrogante, hecho a sí mismo, ambicioso, con un alterado código de ética, cínico. Vemos a un atleta poderoso, quien perdió la brújula en aras de ganar y sólo ganar, no entendía otra opción. Tampoco se le puede negar la determinación a Armstrong, indispensable para cualquier competidor, pues superó un cáncer agresivo, se levantó de las cenizas para reincorporarse al mundo del ciclismo como un campeón y además formó una fundación para luchar contra la enfermedad.

Stephen Frears mantiene un buen nivel de suspenso al recrear una historia de corrupción y complicidades en torno a un deportista de élite. El relato tiene ritmo, aunque a veces se siente un poco desordenado y confunde en la ubicación de las fechas y los eventos.

Cuenta con material de archivo, pero hay secuencias originales bien filmadas. Muy recomendable.

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