La última ola

Dentro del género de las historias de desastres naturales como temblores, inundaciones, amenazas extraterrestres, etcétera, se desarrolla una película noruega que se estrena hoy a nivel nacional en México. De título original BølgenThe Wave, en México La última ola ...

Dentro del género de las historias de desastres naturales como temblores, inundaciones, amenazas extraterrestres, etcétera, se desarrolla una película noruega que se estrena hoy a nivel nacional en México.

De título original Bølgen-The Wave, en México La última ola (Noruega, 2015), ha pasado con éxito por ese país y otros de Europa y, aunque inevitablemente tiene toda la influencia del cine hollywoodense de esa línea, la verdad es que la cinta funciona para lo que está hecha: emocionar al espectador y ser un buen entretenimiento.

Dirigida por Roar Uthaug, la premisa del argumento descansa en una circunstancia real que afecta la zona de los fiordos de Noruega, y de otros países que han desarrollado asentamientos humanos importantes a los pies de montañas inestables que, literalmente, se mueven, se contraen y expanden, o incluso se fracturan cayendo al mar, causando el riesgo de tsunami con olas que pueden alcanzar los 40 metros de altura, barriendo con todo a su paso.

La cinta se inicia precisamente con la información de una tragedia ocurrida en 1934, cuando el desprendimiento de una gigantesca montaña provocó el desplazamiento violento del mar, que se levantó en una ola monumental borrando del mapa una población entera.

La acción se ubica en el poblado de Geiranger, amenazado desde hace años por la inestabilidad de las montañas que rodean la franja marina. La fórmula es clásica en el cine catastrofista: una familia joven que está por dejar el lugar pues Kristian, muy convincente Kristoffer Joner como el papá, es un geólogo experimentado, quien ha trabajado mucho tiempo con el equipo que mantiene el caprichoso subsuelo en observación para tener alertados a los habitantes, y ha conseguido un nuevo trabajo en una zona petrolera. La mamá Idun, Ane Dahl Torp, es recepcionista en un hotel que está junto al mar. Los hijos son un adolescente en crisis que no quiere dejar su casa y amigos, y una niña pequeña.

Justamente el día que está planeada la mudanza el papá va a despedirse de sus compañeros y observa que hay movimientos irregulares en la montaña. Ellos, por supuesto, subestiman su alarma y lo mandan a su casa, pero, como es clásico en este tipo de películas, Kristian tiene razón.

Un buen catálogo de clichés complementa la trama: las autoridades preocupadas de no dar aviso para no espantar a los turistas, el especialista que vaticina la tragedia y al que nadie escucha, la familia en riesgo que se ve puesta a prueba, etcétera. Ejemplos hay muchos: Tiburón, El Pico de Dante, Volcano, Tornado, Armageddon, Impacto Profundo, Terremoto, bueno, hasta Infierno en la Torre.

Como comenté arriba, con todo y esta marcada influencia del cine norteamericano, La última ola funciona muy bien y mantiene interesado al espectador sobre todo en su segunda parte. Los efectos especiales son impecables y están bien combinados con los efectos prácticos en maquetas y estudios. Los actores convencen, y la trama, como es tradicional en estas películas, es muy predecible, pero se pasa un rato entretenido.

Es una propuesta muy recomendable.

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