Miedo profundo
En 1975, Steven Spielberg de alguna manera “inventó” el blockbuster de Verano con Tiburón. Una película que en su momento nos convenció a todos de que los escualos eran animales perversoscome hombres, de alto coeficiente intelectual. Incluso algunos centros ...
En 1975, Steven Spielberg de alguna manera “inventó” el blockbuster de Verano con Tiburón. Una película que en su momento nos convenció a todos de que los escualos eran animales perversos-come hombres, de alto coeficiente intelectual. Incluso algunos centros turísticos se vieron afectados por el temor de la gente, que no quería meterse al mar acordándose de la máquina devoradora creada por Spielberg.
A esta premisa le apuesta el cineasta español Jaume Collet-Serra —por cierto, ya muy bien posicionado en Hollywood—, con su más reciente película Miedo profundo (The Shallows, Estados Unidos, 2016).
Sin duda Collet-Serra ha ido madurando a través de Desconocido, Non-Stop: Sin escalas y Una noche para sobrevivir, las tres interpretadas por Liam Neeson, o La Huérfana con una historia de terror muy bien contada. Ahora en Miedo profundo luce su maestría para el manejo del suspenso y hacer que el espectador se paralice en la orilla de la butaca.
Es el guión de Anthony Jaswinski el que por momentos “hace agua”. Me explico.
Nancy —una convincente Blake Lively— es una joven que llega a alguna playa de México, cuyo nombre no se menciona nunca (aunque la película está íntegramente filmada en Nueva Gales, Australia). Al exótico rincón la conduce en un jeep un “mexicano” de la región. Lo entrecomillo porque está interpretado por el español Óscar Jaenada, que cree que por haber hecho de Cantinflas en la película del mismo nombre, ya tiene la fórmula para parecer uno de nuestros lancheros. Con escasos tres minutos en la pantalla, su personaje no llega ni a secundario, al igual que los otros que aparecen de manera casi fugaz.
Nancy es una mujer templada que pasa por una crisis, pues además de que ha terminado una relación amorosa, ha perdido a su madre después de una larga enfermedad. Ante la sorpresa del lanchero insiste en que se quedara sola en esa playa sin nombre, en medio de la nada.
El lugar es de una gran belleza, y la fotografía, incluyendo las secuencias submarinas, es impecable. Blake Lively es experta surfista y aunque debe tener sus dobles, sus escenas son realistas. A los pocos minutos de que se ha adentrado en el mar para acercarse a las olas, hace su violenta aparición un enorme tiburón, muy bien generado digitalmente, que junto con ella serán los únicos personajes del resto de la película. Miedo profundo es un gran vehículo de lucimiento para la actriz; la película es para ella sola.
Las inconsistencias del guión empiezan a notarse, pues hay secuencias que caen en lo inverosímil, y 40 años después con Spielberg aprendimos la lección: los tiburones no son como él los pintó, y el protagonista de Miedo profundo empieza a actuar con estrategias descabelladas. Tras atacar a Nancy y darle una enorme mordida en un muslo, ella se las arregla para nadar hasta unas rocas que quedarán sumergidas en unas horas al subir la marea. Esa parte del argumento es atractiva, pues la película se vuelve una carrera contra el tiempo y una lucha por sobrevivir. No le doy más detalles.
Si no se pone usted exigente y le compra la historia a Miedo profundo es probable que la disfrute. Creo que eso debí haber hecho yo.
Entretiene.
