Un holograma para el Rey
En su segunda colaboración con el realizador alemán Tom Tykwer, después de la muy confusa The cloud AtlasEl Atlas de las nubes, en la que dirigieron juntos Tykwer y los entonces hermanos, hoy hermanas Wachowski, el actor estadunidense Tom Hanks regresa en una película ...
En su segunda colaboración con el realizador alemán Tom Tykwer, después de la muy confusa The cloud Atlas-El Atlas de las nubes, en la que dirigieron juntos Tykwer y los entonces hermanos, hoy hermanas Wachowski, el actor estadunidense Tom Hanks regresa en una película aparentemente pequeña, surgida del cine independiente norteamericano, que se basa en la novela Un holograma para el Rey (A Hologram For The King), de Dave Eggers.
Estamos acostumbrados a ver a Tom Hanks en las grandes producciones hollywoodenses, desde varias colaboraciones y una gran amistad con Steven Spielberg hasta numerosos trabajos a las órdenes de Robert Zemeckis, Stephen Daldry, Ron Howard, Sam Mendes, Jonathan Demme. Hanks es de los pesos pesados de Hollywood que nada entre tiburones tan “feroces” como él. Es toda una estrella, a la vieja usanza hollywoodense, cuyas cintas han producido más de cuatro mil 500 millones de dólares.
Por eso llama todavía más la atención su entrega en un proyecto como Un holograma para el Rey, coproducción Estados Unidos-Reino Unido-Alemania- Francia-México. Una cinta independiente en la que una productora mexicana, Fábrica de Cine, dirigida por Gastón Pavlovich (El Estudiante), echa toda la carne al asador para hacer un brillante equipo con Dave Eggers, autor de la novela, Tom Tykwer (Corre Lola, Corre, La princesa y el guerrero, El perfume), y el propio Tom Hanks, a quien el personaje de Alan le queda como traje a la medida.
La historia se inicia cuando Alan, un hombre en sus tempranos 50, sin mayores oportunidades de trabajo, separado de su esposa, con la presión de pagar la universidad de su hija, asfixiado por deudas, con la preocupación que le causa un abultamiento que se le ha formado en la espalda, y a punto de perder la fe en sí mismo, acepta la invitación para ir a Arabia Saudita para presentar a un poderoso y veleidoso Rey un proyecto sobre un holograma. Después de todo, ¿ya qué más puede perder?
Tom Hanks tiene una virtud que ha depurado con los años: es profundamente convincente interpretando hombres comunes y corrientes, de esos con los que uno se identifica de inmediato. Usted encuentra hombres así en el súper, en los escritorios de una oficina, en la fila del banco, recogiendo a los hijos en la escuela, viendo un partido en televisión en pijama y sin rasurar, un domingo en la tarde. Ese es el gran talento de Tom Hanks, y con esas cualidades hace de Alan un personaje entrañable que mueve a la empatía por parte del espectador. Su llegada al inmenso desierto resulta enormemente desconcertante. ¿Dónde está el Rey?, empieza a ser lo que menos importa para que este hombre nos sumerja en su propio mundo, en el viaje de aprendizaje, reflexión, descubrimiento y crecimiento personal, que esta insólita experiencia, al otro lado del mundo, ha traído a su vida.
Tykwer, en su adaptación a la pantalla, pasa algunos aprietos para mantener el ritmo del relato, que hacia la mitad pierde un poco de fuerza y se hace reiterativo. También algunos caracteres secundarios se antojan prescindibles, menos el chofer que es un gran cómplice. Pero la larga experiencia de Hanks en este tipo de personajes hace que Un holograma para el Rey sea una grata experiencia en torno a un hombre perdido, que encuentra su camino donde menos lo imagina.
Muy recomendable.
