Lo mejor de mi vida

Dirigida por el italiano Gabriele Muccino, se estrena hoy una coproducción Estados UnidosItalia de título original Fathers and DaughtersPadres e Hijas, que no se escapó de la cursilería del traslado del título al españolmexicano Lo mejor de mi vida. Muccino se dio a ...

Dirigida por el italiano Gabriele Muccino, se estrena hoy una coproducción Estados Unidos-Italia de título original Fathers and Daughters-Padres e Hijas, que no se escapó de la cursilería del traslado del título al español-mexicano Lo mejor de mi vida.

Muccino se dio a conocer fuera de su país con L’ultimo bacio-El último beso (2001), que en una historia de su autoría recrea las dificultades para vivir el amor en un grupo de treintones: la paternidad inesperada, la comezón de una nueva aventura, el deseo de sentir otra vez las mariposas, el miedo al compromiso, etc. Fue tal su éxito que Hollywood la refriteó (los gringos odian leer subtítulos), con resultados muy menores en comparación con la original italiana.

Pero con esa fama Gabriele Muccino saltó el charco y se fue a hacer películas a Estados Unidos. Dirigió a Will Smith en En busca de la felicidad (2006), que le valió una nominación al Oscar como Mejor Actor, y volvió a dirigirlo en Siete almas en 2008. Ahora, con un guión de Brad Desch, el italiano realiza Fathers and Daughters, un buen relato sobre, precisamente, un papá y su hija, al que nos referiremos como Lo mejor de mi vida.

Dentro del género del drama y con momentos sentimentales y de franco melodrama, la historia se inicia con Jake Davis, un escritor reconocido, en una entrañable interpretación de Russell Crowe, quien conduce su coche acompañado de su esposa y de Katie, su hija pequeña. La pareja discute acaloradamente, y al distraerse Jake, sobreviene un accidente fatal en el que su mujer muere, la niña sale ilesa, y él recibe un grave golpe en la cabeza que le deja muchas secuelas que lo inhabilitan de cierta forma: sufre convulsiones, a veces es agresivo, tiene un pertinaz temblor en la mano derecha y los médicos consideran que si no se trata su condición puede degenerar en cuadros sicóticos. Jake es un buen hombre, sólo quiere ser el padre de su hija, pero su cuñada, quien está casada con un poderoso millonario —“tengo más dinero que Dios”— y que lo acusa de la muerte de la hermana, se hace el propósito de quitarle la custodia de la niña.

En adelante papá e hija, que se adoran y comparten una complicidad casi conmovedora, tendrán que adaptarse a una nueva vida sin la figura de la madre, pero de ahí viene lo mejor de la película: la química entre Kylie Rogers, la pequeña gran actriz que interpreta a Katie de niña, y Russell Crowe, que logra una conexión afectiva inmediata con el público. También se ve por ahí a Jane Fonda, discreta, emotiva.

Simultáneamente Muccino nos lleva, en constantes flash backs entre el pasado y el presente, a conocer a Katie ya convertida en mujer y trabajando como sicóloga. Muy bien Amanda Seyfried, en el personaje de una joven solitaria, que ama su trabajo, que va de un hombre a otro, y que encuentra en el sexo casual una forma de llenar el enorme vacío que la atormenta, sin que sepamos que hubo en ese pasado entre ella y su padre que lastimó tanto su vida.

Es ese eslabón entre el pasado y el presente lo que nos mantiene interesados para entender a todos los personajes, y como recurso narrativo está bien explotado.

Buenas actuaciones, le aseguro que va a echar lágrima, pero de vez en cuando es saludable.          

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