El rascacielos
Otro tipo de películas, diferentes a las historias de superhéroes, se pueden abrir paso por fin en las salas nacionales. Este viernes tenemos varios estrenos, entre los que destaca El rascacielos High rise, IrlandaReino UnidoBélgica, 2015, dirigida por Ben Wheatly y ...
Otro tipo de películas, diferentes a las historias de superhéroes, se pueden abrir paso por fin en las salas nacionales. Este viernes tenemos varios estrenos, entre los que destaca El rascacielos (High rise, Irlanda-Reino Unido-Bélgica, 2015), dirigida por Ben Wheatly y adaptada para la pantalla de la novela homónima de J. G. Ballard, por Amy Jump.
Ballard tiene otras novelas que llegaron al cine como El Imperio del Sol, dirigida por Steven Spielberg en 1987. La historia recrea la experiencia del propio J. G. Ballard, durante la invasión japonesa de Shanghái en 1941.
Crash, de David Cronenberg, ganó el premio del jurado en el Festival de Cannes de 1996. Se trata de una película difícil de ver –como veremos que es El rascacielos– y que gira en torno a una pareja que encuentra en la adrenalina de los accidentes de autos, con sus heridas, fracturas y cicatrices, una forma inquietante de revitalizar su vida sexual.
El rascacielos está muy emparentada con Crash. Es una película que se va haciendo desagradable, que incluso provoca asco, que se regodea en la suciedad, la sangre, la violencia, la decadencia, la sexualidad primitiva. Ubicada en un futuro “antiutópico”, el protagonista es el doctor Laing, muy bien Tom Hiddleston, quien llega a vivir a la modernista y gigantesca Torre Elysium, que es el primero de cinco edificios del proyecto diseñado por Anthony Royal (apellido muy elocuente), un arquitecto megalómano interpretado por Jeremy Irons, quien pretende la creación de una sociedad independiente, apartada del mundo, en la que los diferentes estratos socioeconómicos están definidos de manera simple: los de recursos bajos han comprado en los primeros pisos, y los ricos en los departamentos superiores.
Royal vive rodeado de excentricidades en el penthouse, como un creador-dios-padre-gobernante-dador de justicia.
La torre, un personaje protagónico, cuenta con las instalaciones más modernas que la tecnología puede proveer: departamentos de lujo, albercas, gimnasio, elevadores de alta velocidad, supermercado, restaurantes y escuela.
En los primeros minutos se construye al personaje de Laing. Aunque no queda claro si es un neurocirujano o un forense, sí está bien ubicada su personalidad. Tom Hiddleston está muy bien elegido para ese personaje: un hombre que ha consolidado su situación, atractivo, joven, con aplomo, bien vestido, que cuida su cuerpo. En sus primeros contactos con sus nuevos vecinos parece sentirse diferente, con cierta dificultad para encajar.
Pero el edificio, el verdadero protagonista de la historia, empieza a presentar fallas, sobre todo en el suministro de energía y el delgado hilo de la convivencia armoniosa se rompe. Ballard explora a esta comunidad en la que los resentimientos de las diferencias sociales y económicas van derivando en una espiral de violencia que arrastra a todos, incluido Laing, cuando los vecinos de abajo se amotinan para exigir espacios, y los de arriba, valiéndose de su poder y prepotencia, defienden el uso de los elevadores, los pocos víveres que quedan en el supermercado y el uso de la alberca. La estratificación de los distintos grupos degenera en un proceso
de destrucción, violaciones, sangre y muerte, que se exhiben gráficamente rozando en el exceso, intencionalmente.
Buena fotografía y música. Es recomendable, pero prepare su estómago.
