La naranja mecánica: aún vive.
En el pasado mes de marzo murió a los 84 años Adrienne Corri, cuyo nombre seguramente no le dice nada, pero si le recuerdo que fue la actriz que protagonizó la brutal escena del asalto y violación en la película La naranja mecánicaA clockwork orange, Estados ...
En el pasado mes de marzo murió a los 84 años Adrienne Corri, cuyo nombre seguramente no le dice nada, pero si le recuerdo que fue la actriz que protagonizó la brutal escena del asalto y violación en la película La naranja mecánica ( A clockwork orange, Estados Unidos-Reino Unidos, 1971), es probable que ya venga más a su memoria. De haber hecho teatro shakespeariano y otras obras de relevancia, la pelirroja pasó a la historia del cine por una de las secuencias más famosas y polémicas de esta película de Stanley Kubrick, que cumple ya 45 años.
Corri, como muchos actores que trabajaron a las órdenes del director, debe haber pasado momentos muy difíciles durante el rodaje, ya que es conocida la fama de Kubrick en su obsesión por el perfeccionismo. Hay muchas leyendas en torno a la filmación de cintas como Barry Lyndon, El resplandor, Ojos bien cerrados, 2001: una odisea del espacio, etc, en las que el realizador repetía tomas hasta el hartazgo de técnicos y actores. Se cuenta que para la secuencia de la violación y golpiza en La naranja mecánica se hicieron 39 tomas, en las que Adrienne Corri permanecía desnuda mientras Kubrick pensaba. Los golpes, reales muchos de ellos, sacaron de quicio al propio Malcolm McDowell, protagonista de la película, que se negó a seguir maltratando a la actriz.
La propia génesis del argumento de La naranja mecánica se antoja espeluznante. Está basada en la novela homónima del escritor británico Anthony Burgess de cuyas obras se considera la más famosa. La escribió a raíz de un ataque brutal que su esposa y él sufrieron en 1944 durante la Segunda Guerra Mundial, cuando cuatro soldados la golpearon y violaron ocasionando la pérdida del bebé que esperaban.
Si usted no ha visto La naranja mecánica, el ejercicio hoy en día vale la pena. Es una película de culto muy representativa de una época: los “tumultuosos” años setenta y su característica cultura popular, música, colorido, lenguaje, narrativa, actuaciones, etc. Sí es de esas películas a las que el paso del tiempo se les nota, en cuanto a su estética, diseño de arte, forma de contar una historia, pero la mantiene vigente el descarnado retrato distopico del comportamiento humano que Burgess recrea en una especie de exploración de su propio dolor, y la gran carga de odio que alimentaba a raíz del ataque del que él y su esposa fueron víctimas. El escritor entró en un proceso de sanación contando la historia de Alex (McDowell), un joven londinense sicótico, patológicamente violento, que con un grupo de amigos van sembrando terror por donde pasan.
Poblada de juegos de palabras e incluso con un lenguaje inventado por el propio autor, el joven es convertido en un experimento muy en las técnicas pavlovianas de estímulo y respuesta, con el que las autoridades tratan de modificar su conducta y reinsertarlo a la sociedad, en un “tratamiento” que mezcla la belleza de la música, el estudio sobre el origen del mal, el horror de la violencia, y hasta los intereses políticos. Los defensores de derechos humanos actuales, que con frecuencia se preocupan más por los derechos de los victimarios que de las las víctimas, han de escandalizarse todavía con esta hipotética técnica.
La violencia individual y en grupo de la actualidad, hacen que La naranja mecánica no pierda vigencia y encierre una gran sabiduría.
