Las elegidas
Desarrollando una historia de su autoría, el realizador mexicano David Pablos presenta su segundo largometraje con el título Las elegidas. Así, corto, directo, escueto, el título incluso confunde y hace pensar que veremos algo diferente. El argumento está ubicado en ...
Desarrollando una historia de su autoría, el realizador mexicano David Pablos presenta su segundo largometraje con el título Las elegidas. Así, corto, directo, escueto, el título incluso confunde y hace pensar que veremos algo diferente.
El argumento está ubicado en Tijuana, en sus barrios bajos, en esas “goteras” de una ciudad conflictiva, con una frontera muy problemática con Estados Unidos, que se pierde en el mar por medio de una enorme muralla de fierro. Pablos no nos cuenta nada nuevo ni descubre el hilo negro, pero, como siempre lo menciono en éste y otros espacios, lo importante no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta.
Con un gran score musical de Carlos Ayhllón, y la sensible fotografía de Carolina Costa, la historia se inicia con una pareja de adolescentes: Sofía, Nancy Talamantes, y Ulises, Óscar Torres. Ella tiene 14 años, vive con su mamá y un hermano pequeño. Sus ojos son claros, de mirada melancólica y penetrante, largo cabello rizado con brillos dorados; está completamente enamorada de Ulises, por lo que es “capaz de hacer lo que sea por él”: esa es la promesa que el propio Ulises le arranca con su talento para la manipulación.
El joven lleva a Sofía a conocer a sus padres, hermano, cuñada y pequeño sobrino. Todo la hace pensar que se trata de gente normal y respetable. Muy poco después descubre que su negocio es la administración de una red de trata de blancas, y se ve atrapada en la crueldad de las garras de la prostitución. Ulises es sólo el anzuelo que va “reclutando” niñas inocentes a las que secuestran y apartan de sus familias, sin poder escapar, pues sus captores saben todo de sus vidas, y sus seres queridos pueden ser asesinados.
Esta es la premisa que se desarrolla en torno al infierno que vive un grupo de adolescentes, que han sido engañadas y encerradas en una casa de putas, en donde son forzadas a ofrecer servicios sexuales. Los meses pasan y todo parece indicar que su destino es vivir en esa pocilga para siempre.
Las elegidas, aun con la sordidez y crudeza del tema que trata, tiene una gran virtud. David Pablos prescinde por completo de secuencias gráficas o de sexo explícito; se distancia del morbo y el amarillismo, no le interesan.
Con un inteligente uso de las imágenes y el sonido, sugiere los encuentros sexuales que Sofía ha sido forzada a sostener con distintos hombres: gordos, flacos, viejos, jóvenes, desagradables. Apelando a los mecanismos que detonan en la imaginación esos sonidos de una supuesta actividad sexual en una niña que apenas perdió la virginidad, y alternándolos con la mueca entristecida de Sofía, Pablos lo dice todo. La imaginación va mucho más allá en eso de elucubrar, que lo que pueden darnos imágenes en la pantalla, por muy fuertes y explícitas que sean.
Con varias nominaciones al Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, y su exitoso paso por festivales como Morelia, Cannes o San Sebastián, Las elegidas es una película que, además, plantea una denuncia sobre el tema del tráfico de personas, que es un mal del mundo moderno y que destroza las vidas de tantas jóvenes y sus familias.
Es ampliamente recomendable.
