El silencio de los inocentes. 25 años
Uno de los ya grandes clásicos del cine hollywoodense está cumpliendo este 2016 un cuarto de siglo de haberse estrenado, en medio de una muy positiva recepción de público y crítica. El silencio de los inocentes The silence of the lambs, Estados Unidos 1991 introdujo ...
Uno de los ya grandes clásicos del cine hollywoodense está cumpliendo este 2016 un cuarto de siglo de haberse estrenado, en medio de una muy positiva recepción de público y crítica.
El silencio de los inocentes (The silence of the lambs, Estados Unidos 1991) introdujo recursos visuales y narrativos que cambiaron para siempre el thriller y el terror sicológico. Las historias posteriores de asesinos seriales, tienen una marcada influencia de esta cinta.
Las películas sobre criminales y asesinos en serie siempre han tenido un particular atractivo, pero El silencio de los inocentes de Jonathan Demme, basada en la novela El dragón rojo de Thomas Harris, marcó la diferencia. Ya había sido llevada a la pantalla en 1986, interpretada por Brian Cox y con el titulo Hunter-El Cazador. Ni el talento y la recia personalidad de Cox ni los buenos oficios del director Michael Mann evitaron que la película quedara en el olvido.
Jonathan Demme retoma la historia y estructura detalladamente a los dos personajes protagónicos: Clarice Sterling, interpretada por Jodie Foster, y el doctor Hannibal Lecter, del que hizo toda una creación Anthony Hopkins. Convertida hoy en una película de culto, El silencio de los inocentes apela a varios recursos novedosos que la hacen vanguardista en el género.
La historia sigue a una alumna de la escuela del FBI, Sterling, que aspira a convertirse en una agente y recibe la asignación de acercarse al astuto siquiatra Hannibal Lecter, interno en una prisión de alta seguridad por haber cometido sanguinarios crímenes en los que devoraba partes de sus víctimas, y que es el único que puede dar información sobre Búfalo Bill —paciente suyo—, un asesino en serie que ha cometido varios homicidios sin que la policía pueda encontrarlo y mucho menos explicarse su modus operandi.
Enre los mejores momentos de la película están las conversaciones entre Clarice y Lecter, verdaderos duelos de inteligencia, que inician con ella en cierta desventaja para lidiar en su juventud e inexperiencia con la mente perversa y de altísimo nivel intelectual de Lecter. Demme, junto con su fotógrafo Tak Fujimoto, optan por el empleo de la cámara subjetiva. Los actores miran de manera penetrante a la lente como si se refirieran a su interlocutor. Esto hace que el espectador se sienta intimidado por la intensa mirada de Hopkins, quien hace de Hannibal Lecter un ser espeluznante, implacable, turbador. El actor, además, introdujo sugerencias suyas como el estar vestido de blanco, sus chasquidos con la lengua que recuerdan a una serpiente, su sarcasmo y las burlas del acento sureño de Clarice.
Ambos actores fueron un gran acierto para el reparto. Tienen química. Ella es también un personaje redondo, inteligente, de apariencia frágil, pero valiente, arriesgada, audaz, decidida, sabe remontar el miedo. Al igual que el espectador, se siente seducida por Lecter, y la única debilidad que él exhibe es precisamente la atracción que siente por Clarice. La tortura con preguntas, y en ese quid pro quo se va metiendo a su mente y su alma y no puede evitar sentir por ella algo parecido al amor.
Los asesinos seriales en el cine nunca volvieron a ser los mismos después de El silencio de los inocentes.
