Trainspotting-20 años
Con motivo de las dos décadas de su estreno en 1996, ha sido reprogramada en varias salas una película emblemática en lo que se refiere al tratamiento del tema de las drogas, y la pesadilla en que se convierte la vida de los consumidores. Dirigida por el británico ...
Con motivo de las dos décadas de su estreno en 1996, ha sido reprogramada en varias salas una película emblemática en lo que se refiere al tratamiento del tema de las drogas, y la pesadilla en que se convierte la vida de los consumidores. Dirigida por el británico Danny Boyle, que se basó en la novela homónima de Irvine Welsh, la trama sigue a cinco jóvenes en Edimburgo que están atrapados en el consumo de heroína. No saben hacer otra cosa, su mundo entero gira en torno a la adicción: vagabundean, roban, engañan, huyen, mienten y pasan largas horas bajo los efectos de la droga en condiciones infrahumanas, flotando en su propia mierda.
También ha reactivado el interés por la historia el que ya desde hace unos años Boyle anunciara que quiere filmar la secuela de Trainspotting, que también estaría basada en el siguiente libro de Welsh, Porno, en el que se retoma a los mismos cinco amigos, pero 10 años después y ahora involucrados de nuevo en el submundo de las drogas y los videos pornográficos. Todo parece indicar que los cinco actores: Ewan McGregor, Ewen Bremer, Johnny Lee Miller, Kevin McKidd y Robert Carlyle han declarado estar dispuestos a ajustar sus agendas para poder coincidir en el rodaje. Habrá que esperar más noticias del nuevo proyecto de Danny Boyle, Porno.
Volviendo a Trainspotting, que en México tuvo la traducción La vida en el abismo, aunque la película es más conocida por su título original, tiene numerosas virtudes en su lenguaje cinematográfico, guión, edición, banda sonora, ritmo, actuaciones, que ya la hacen un clásico. Brilla en ella todo el estilo personal de Boyle y recuerda mucho visualmente otro gran éxito suyo, que ganara incluso el Oscar, Slumdog millionaire. Con la que sí se nos tropezó fue Steve Jobs. Nadie es perfecto.
Trainspotting es cero complaciente, muy gráfica, cruda, cruel; tiene un ritmo frenético de principio a fin. McGregor es Mark Renton, la voz en off de toda la cinta. Un joven que está sumido hasta el cuello en la adicción a la heroína y que periódicamente trata de dejarla, reincidiendo una y otra vez. Sus compañeros de “viajes” son otros cuatro chavos que no pueden salir del abismo. Se reúnen con su proveedor conocido como “la Madre Superiora” y en un cuartucho inmundo todos se lanzan en picada al infierno. La secuencia de la bebé es impresionante, la gravedad de la adicción de todos ha asesinado su sentido de la responsabilidad, del amor, del mínimo respeto por sí mismos. No pueden caer más bajo.
Trainspotting es, además, el icono de una generación y el guión de John Hodges tiene grandes frases, pero sobre todo ese inicio memorable en la voz de Mark, mientras emprende una huida loca con sus compañeros tras un robo para comprar más heroína: “¡Elige una vida. Elige un trabajo. Elige empezar un hogar. Elige un seguro dental. Escoge ropa cómoda y maletas que hagan juego!, pero, ¿por qué alguien querría hacer algo así?”.
La película no da respiro: la recreación de las alucinaciones bajo el influjo de las drogas son descarnadas, como cuando Mark nada dentro del excusado o la alfombra que lo traga en una sobredosis o las pesadillas por el síndrome de abstinencia, no hay un momento de tregua al espectador.
Ya sabe usted lo que opino de las traducciones de los títulos, pero en este caso pocas veces mejor puesto uno: Trainspotting es “la vida en el abismo”.
Gran película.
