Documentales al Oscar: Amy

Hoy revisamos el cuarto documental nominado al Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en Estados Unidos: Amy, dirigido por Asif Kapadia, realizador de origen británico que en su dispareja filmografía tiene otro documental excepcional: Senna, dedicado a ...

Hoy revisamos el cuarto documental nominado al Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en Estados Unidos: Amy, dirigido por Asif Kapadia, realizador de origen británico que en su dispareja filmografía tiene otro documental excepcional: Senna, dedicado a explorar la personalidad del corredor brasileño de autos Ayrton Senna, y que ganó numerosos reconocimientos en su momento.

Amy, al que por el contrario de What Happened, Miss Simone?, le veo muchas posibilidades de alzarse como el Mejor Documental de los cinco nominados, también sigue la trayectoria de una cantante, la británica Amy Winehouse, pero es mucho más creativo, fresco y emotivo. La personalidad de esta malograda y talentosísima artista está presentada de manera que uno se conecte con ella, e incluso le tome cariño al personaje.

Kapadia nos lleva ahora a un viaje sensible, crudo, emotivo, desgarrador, y acompañado de espléndida música, a través del infierno que vivió la cantante de jazz, que murió el 23 de julio de 2011, pasando a engrosar las filas del que se ha dado en llamar, de manera muy sórdida por cierto, “el club de los 27”, que son cantantes y figuras del mundo del rock que han muerto a los 27 años a causa de abusos en consumo de drogas, alcohol, promiscuidad, o de manera accidental: Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin, Jimi Hendrix y Kurt Cobain.

Asif Kapadia evita caer en un fácil y amarillista cuadro de la decadencia, y se aleja por completo del morbo. A través de una gran cantidad de grabaciones y fotografías de la intimidad de la cantante, conocemos la vida de una mujer que, sin duda, fue “ella y su circunstancia”. Winehouse era una niña diferente desde que nació, rebelde, histriónica, feliz; falta de límites, pues desbordaba a su mamá que no podía con ella. Su ambiente familiar la fue definiendo con resentimientos, una profunda sensación de abandono, y muy afectada por el divorcio de sus padres.

Amy tiene momentos demoledores. La joven usó su talento para escribir música como el vehículo para expresar sus vivencias, sus frecuentes penas y escasas alegrías. En algunas canciones, las letras se reproducen en la pantalla. Tony Bennett, con quien grabó una canción, en una de las secuencias más emotivas, la consideraba entre las mejores cantantes de jazz de la historia. Otro momento que casi lo empuja a uno de la butaca para intentar protegerla es cuando es acosada por los paparazzi y que ella se ve confundida, perdida, y se queja de que los flashes no la dejan ver ni siquiera por dónde camina.

Se enamoró de las personas equivocadas, establecía relaciones destructivas. Sus amigas trataron de liberarla, pero no cooperaba.

El documental atrapa al espectador desde el principio con la música de Winehouse y su doloroso deterioro en el que Asif Kapadia denuncia la voracidad y, ahí sí, decadencia de los medios, con burlas y sarcasmos como el de Jay Leno o George Lopez, ambos el mejor ejemplo de una industria antropófaga que devora a sus hijos más débiles, enfermos, adictos y caídos.

Amy se puede ver a partir del próximo lunes por Netflix.

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