El renacido

Apenas disfrutando del éxito de su película anterior Birdman, Alejandro González Iñárritu ya estaba involucrado de lleno en un ambicioso y complejo proyecto que llevaba años preparando: El renacido The Revenant, Estados Unidos, 2015. El realizador, que se consagrara ...

Apenas disfrutando del éxito de su película anterior Birdman, Alejandro González Iñárritu ya estaba involucrado de lleno en un ambicioso y complejo proyecto que llevaba años preparando: El renacido (The Revenant, Estados Unidos, 2015).

El realizador, que se consagrara el año pasado en la temporada de premios y pinta para hacer lo mismo este año, se preparó física y mentalmente para el que sería un rodaje muy demandante en condiciones precarias, sin comodidades, a bajísimas temperaturas. Se puso en forma para exigirse a sí mismo lo que exigía de su equipo de actores, técnicos y colaboradores cercanos: una entrega absoluta para la creación de un proyecto complicado titulado El renacido (The Revenant, Estados Unidos, 2015).

Además de dirigir, G. Iñárritu coproduce y escribe el guión junto con Mark Smith, basándose parcialmente en el libro The Revenant: A novel of revenge de Michael Punke, escrito en 2002 y vuelto a publicar en 2015 con motivo del estreno de la película.

La historia se inspira en hechos reales en torno a Hugh Glass y se ubica en 1820 durante un crudo invierno en el Oeste de Estados Unidos. Glass —extraordinariamente interpretado por Leonardo DiCaprio— forma parte de un grupo de traficantes de pieles que tienen frecuentes enfrentamientos con las comunidades indígenas de la región, que no hacen más que defender lo poco que aún les queda ante el avance inexorable del “hombre blanco”.

Ambos lados se atacan con salvajismo y sin clemencia, el objetivo es sobrevivir. Ésta es una gran constante en el relato, todo un himno a los instintos básicos del género humano: el de sobrevivencia, el de venganza, el de defender a los tuyos y a lo tuyo. Los personajes en El renacido son básicos, primarios, instintivos, pura humanidad y fuerza de espíritu.

Tras uno de esos enfrentamientos con indios, Glass es atacado de manera brutal por un gigantesco oso en una secuencia con la que se inició mi sensación de incomodidad en la película. Glass está a punto de cruzar la línea que separa la vida de la muerte, pero para uno de sus compañeros, Tom  Hardy —excepcional como el gran antagónico de la historia—, esa línea ha quedado cruzada y lo da por muerto, abandonándolo.

Es precisamente la energía que le inyecta el instinto de conservación, el dolor físico y emocional, la sed primitiva de venganza, lo que lleva a Glass a “regresar de entre los muertos” y emprender una azarosa jornada venciéndose a sí mismo.

¿Que por qué hablo de incomodidad durante la proyección? Porque ésa es parte de la magia del cine. G. Iñárritu es un gran director de actores, pero tiene un sexto sentido para dirigir a los espectadores, en lo cual juega un papel determinante el manejo de las imágenes y la luz por parte de Emmanuel Lubezki.

Las películas pueden hacer reír, llorar, emocionarnos, conmovernos, dejarnos indiferentes. Pero esa forma de conectarnos con los personajes y sus circunstancias como sucede con El renacido es lo que enriquece la experiencia cinematográfica.

Durante el visionado yo pedía tregua, un descanso, por momentos la sufrí. Pero por eso amamos el cine, porque nos llega al corazón, al intelecto, a las entrañas.

El renacido no es un paseo en bicicleta, es saber contar una historia con intensidad y con las vísceras en la mano, textualmente.

No se la pierda.

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