Las sufragistas
Esa acción que algunas mujeres hacen de manera automática, el ejercicio del voto que hoy nos parece tan de todos los días, garantizado, poco pensado la mayoría de las veces, casi sin una reflexión profunda por algunas que no reparan en sus verdaderas consecuencias, y ...
Esa acción que algunas mujeres hacen de manera automática, el ejercicio del voto que hoy nos parece tan de todos los días, garantizado, poco pensado la mayoría de las veces, casi sin una reflexión profunda por algunas que no reparan en sus verdaderas consecuencias, y conste que enfatizo “algunas veces y algunas mujeres”. Ese derecho inalienable a elegir a quienes nos gobiernen, a quienes hagan nuestras leyes y regulen nuestra convivencia, nuestra economía, evolución, educación, sistemas de salud, seguridad, crecimiento, etc., le costó muy caro a mujeres, la mayoría obreras, que hace 100 años se lanzaban a las calles a riesgo de ser golpeadas, arrestadas, discriminadas, estigmatizadas y martirizadas.
Las mujeres eran consideradas inferiores, incapacitadas para el desempeño de cargos públicos importantes ni pensar en que votaran. En el caso de las obreras, afanadoras, empleadas domésticas, que se involucraban en los movimientos pro voto femenino, sus propias familias y esposos en muchos casos las repudiaban y las separaban de sus hijos. Los jefes las acosaban desde niñas, recibían salarios miserables, trabajaban en condiciones infrahumanas e insalubres, ignoradas por las autoridades. En suma, no tenían voz, ni voto.
Ese es el contexto en que se desarrolla la historia en Las sufragistas (Suffragettes, Reino Unido, 2015), segundo largometraje de la realizadora Sarah Gavron que se basa en un guión escrito por Abi Morgan, quien ya tiene en su filmografía importantes trabajos como La dama de hierro y Shame, esta última coescrita con Steve McQueen.
La acción en Las sufragistas se ubica en Londres, muy poco antes de que se iniciara la Primera Guerra Mundial. No se trata de un gran guión, pero la historia es digna de divulgarse, pues recrea la lucha encabezada por mujeres valientes que existieron en la vida real.
La protagonista es Maud, Carrey Mulligan en un personaje que le permite un gran lucimiento. Maud y su esposo trabajan en una lavandería en condiciones miserables. Madres e hijas se someten a los abusos de los jefes, algunas enferman o mueren jóvenes por el contacto con las sustancias y desinfectantes, tienen severos problemas de la piel, están mal alimentadas y las jornadas son larguísimas. A pesar de todo, Maud parece feliz y conforme en medio de la pobreza, y su mundo se llena con el amor que siente por su hijo pequeño y su esposo. No se cuestiona, no se rebela… todavía.
Todo cambia cuando es enviada a entregar un paquete y coincide en plena calle con un violento choque entre mujeres sufragistas y policías. Sin darse cuenta se ve arrastrada en medio de la confusión, los gritos, las macanas de los policías, y las piedras que las mujeres arrojan a los cristales de los aparadores de las lujosas tiendas. Muchas de ellas pertenecen a sindicatos muy débiles aún, otras van por su cuenta, pero lo que sí tienen muy claro es que es indispensable estar unidas.
Violet, Anne Marie Duff, y Edith, Helena Bonham Carter, cabecillas del movimiento, hacen que Maud abra los ojos y se haga consciente de la realidad infernal en la que las autoridades —hombres todos—, las tienen incrustadas, y de la noche a la mañana decide comprometerse en un movimiento que cambia drásticamente su vida.
Un máximo de cuatro minutos en la pantalla por parte de Meryl Streep, dan a la historia un significado todavía más especial.
Recomendable.
