Puente de espías
He manifestado en infinidad de comentarios y críticas, en este y otros espacios, que me gustan, y mucho, algunas películas de Steven Spielberg. Lo considero un gran maestro del cine de entretenimiento, y un impecable contador de historias que, a fin de cuentas, es de lo ...
He manifestado en infinidad de comentarios y críticas, en este y otros espacios, que me gustan, y mucho, algunas películas de Steven Spielberg. Lo considero un gran maestro del cine de entretenimiento, y un impecable contador de historias que, a fin de cuentas, es de lo que se trata el cine.
Sus personajes tienen características comunes por más diversas que sean las historias: luchan por un sueño, son su propia fuerza y no se dan por vencidos, poseen voluntad y espíritu férreos, así sea un niño, como en El imperio del sol, o un esclavo africano en Amistad.
Pero hay dos señores Spielberg si lo analizamos desde sus estilos para hacer cine. Disfruto más su narrativa en películas como Parque Jurásico, El Imperio del Sol, Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, Indiana Jones, Inteligencia Artificial, Minority Report-Sentencia previa, E.T., el extraterrestre, etc. Son películas muy entretenidas, que, incluso, se dejan ver de nuevo y se disfrutan mucho.
La otra vertiente en su quehacer cinematográfico como contador de historias se nutre de cintas como Amistad, La lista de Schindler, Salvando al Soldado Ryan, Lincoln, Munich, y ahora Puente de espías (Bridge of Spies, Estados Unidos, 2015). Entre otras cosas, estas películas comparten algo muy importante: son interpretaciones del autor sobre hechos reales. Se pone peligrosamente político o habla del Holocausto.
Puente de espías retoma un hecho conocido como “el incidente del U-2” que tuvo lugar en 1960 en el momento más agudo de la Guerra Fría que tenía en jaque al mundo entero con la amenaza constante de que alguien de alguna de las potencias involucradas: la entonces Unión Soviética y Estados Unidos, apretara el botón que desencadenara un cataclismo nuclear.
La historia escrita por Matt Charman y los hermanos Ethan y Joel Coen, se apoya en un personaje decisivo de ese periodo, pero que, como han dicho en algunos medios, tenía un bajo perfil y su nombre sólo era pie de foto de algunas noticias: James B. Donovan, de cuya biografía usted se enterará en la película.
Está interpretado de manera muy convincente, con la solvencia característica de Tom Hanks. Donovan era un abogado de seguros de Brooklyn, a quien en 1960 se le solicitó defendiera a un hombre acusado de espiar para los soviéticos, conocido por su nombre en clave Rudolph Abel a quien da vida en la película el actor británico Mark Rylance, en una interpretación que no sería difícil que se considerara para un Oscar como actor de reparto.
Paralelamente a este hecho, un avión U-2 de la CIA que se encontraba en flagrante labor de espionaje sobre territorio soviético, fue derribado, y su piloto Francis Gary Powers, capturado. El papel de Donovan en la defensa de Abel, al que salvó de ser ejecutado, permitió el famoso intercambio de prisioneros en el puente de Glienicke en Postdam, Alemania.
Spielberg, diría yo que el cineasta más proamericano del momento, repite sus técnicas ciertamente manipuladoras al presentar las escenas que transcurren en Estados Unidos de manera colorida y sin filtros, mientras que las que suceden en Europa del Este son grises y penumbrosas, desoladas (incluso en lugares cerrados). Muy desafortunado el momento en que unos niños jugando brincan un alambrado, evocando en Donovan el muro recién construido en Alemania. Los americanos tratan bien al enemigo, los soviéticos torturan al joven piloto, etc. El pasto es más verde en Occidente pues.
Steven Spielberg deja claro, al final, lo que asienta en otras cintas: aquí está “América” para salvar al mundo.
Puente de espías dista de ser de lo mejor de su cine, entretiene.
