Sicario: Tierra de nadie

En 2010 el cineasta francés Denis Villeneuve alcanzó gran popularidad entre público y crítica con la versión cinematográfica de Incendios, conocida en México como La mujer que cantaba, coproducción CanadáFrancia, que estuvo nominada al Oscar como Mejor Película ...

En 2010 el cineasta francés Denis Villeneuve alcanzó gran popularidad entre público y crítica con la versión cinematográfica de Incendios, conocida en México como La mujer que cantaba, coproducción Canadá-Francia, que estuvo nominada al Oscar como Mejor Película extranjera.

Incendios es parte de una tetralogía, La sangre de las promesas, de gran trascendencia en la dramaturgia moderna, obra del canadiense Wajdi Mouawad. Los otros títulos son Bosques, Litoral y Cielos. Todas se han representado en México.

Incendios-La mujer que cantaba es una buena adaptación al cine de una obra trágica, con un texto excepcional. Por medio de la ficción el autor cuenta la historia desgarradora de una mujer que desde su infancia vive el amor, el horror, la guerra y el odio. Se la recomiendo ampliamente.

Con Sicario: Tierra de nadie, producción estadunidense que ubica su acción en la conflictiva frontera criminal entre México y Estados Unidos, Denis Villeneuve regresa a la temática del conflicto social y político en un marco de creciente violencia, como lo hiciera en Incendios. Con una historia escrita por el actor Taylor Sheridan, que debuta ahora como escritor, la acción se desarrolla en torno a una agente del FBI, Emily Blunt, que es reclutada para acompañar a un violento grupo de élite (parecería que de la CIA) que persigue al líder de un cártel de drogas y cuyos métodos, sanguinarios, inmorales, transgresores, resultan todo un golpe para una agente que todavía cree que hay que respetar “las reglas del libro”. Probablemente por algunos huecos del guión, Blunt no alcanza a verse cómoda, se le percibe ambigua más bien.

No es la línea de Traffic (Tráfico) de Steven Soderbergh, en la cual hasta el paso de un lado a otro de la frontera hacía que el territorio mexicano se viera ocre, polvoso, desolado (el lado de los “malos”). En Sicario, Villeneuve dirige un espléndido cuadro de actores en el que brillan con luz propia Josh Brolin, como Matt, el típico agente gringo que hace su trabajo cueste lo que cueste, mientras mastica un chicle, y Alejandro, Benicio Del Toro, como el sicario de narcos que, en una venganza personal, igualmente responde a intereses y métodos por demás oscuros. Ambos hombres han bajado al infierno y su interpretación del mundo y de lo que hay que hacer está perversamente contaminada, y es en ellos en los que resulta la crítica a las autoridades norteamericanas en la lucha contra el narcotráfico, que en muchos casos están en contubernio con delincuentes, violando jurisdicciones e ignorando  las multicitadas “reglas del libro”.

Denis Villeneuve no establece bandos a un lado y otro de la frontera. Más bien se detiene sutilmente en las víctimas colaterales, como en el caso de la población civil en Ciudad Juárez; aunque lamentablemente no profundiza demasiado en ese tema, insisto, quedan como daños colaterales.

Los dos personajes de mejor desarrollo y evolución son el de Kate, Emily Blunt, sobre todo porque es una gran actriz, y Alejandro, Del Toro. En su convivencia forzada en esta guerra llena de sangre, explosiones, balas, persecuciones, trampas, traiciones y mentiras, ambos son dos platos opuestos de una desequilibrada balanza, en la que el viejo lobo parece querer comerse a la joven recta, quien tiene un concepto muy claro de los límites que no deben sobrepasarse, y recibirá la lección más dura de su carrera. Recomendable.

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