La cumbre escarlata: la casa que sangra
Este viernes llega a las pantallas nacionales la más reciente película del jalisciense Guillermo del Toro, La cumbre escarlata Crimson Peak, Estados UnidosCanadá, 2015, coescrita por él mismo y Matthew Robbins. La cumbre escarlata se vale, en serio, de los efectos ...
Este viernes llega a las pantallas nacionales la más reciente película del jalisciense Guillermo del Toro, La cumbre escarlata (Crimson Peak, Estados Unidos-Canadá, 2015), coescrita por él mismo y Matthew Robbins.
La cumbre escarlata se vale, en serio, de los efectos especiales, pero están puestos al servicio de una historia atractiva, enigmática, llena de misterio, suspenso, erotismo, pasión, sensualidad, fantasía, terror, tensión sexual (aunque una dosis más alta de ésta le hubiera venido muy bien). O sea, uno de esos cocteles que se le dan tan bien a Del Toro. Es un gran ejemplo de que el cine sí puede valerse de su propio material.
La cumbre escarlata tiene cierto parentesco con Cumbres borrascosas, sobre todo en la ambientación: un páramo desolado, el viento constante, negros nubarrones, la constante caída de las hojas de los árboles, la casa oscura y misteriosa, mucho romanticismo. Me recordó esa única novela de Emily Brontë llevada varias veces a la pantalla.
Los primeros minutos también remiten un poco a Rebecca (1940) de Alfred Hitchcock, basada en la novela de Daphne Du Maurier. Ambas historias, La cumbre escarlata y Rebecca tienen como protagonistas a jóvenes indefensas y huérfanas que se casan con un príncipe azul, en el que por momentos va aflorando el lado oscuro. En ambas historias las casas, las mansiones más bien, son verdaderas protagonistas con vida propia. En Crimson Peak, el decadente, pero bellísimo palacete de los hermanos Sharpe, parece además sangrar desde sus cimientos.
La acción está ubicada en el siglo XIX temprano. Cuando el brillante terror gótico de Edgar Allan Poe producía grandes relatos. El reparto no puede ser mejor: Mia Wasikowska, muy buena actriz que sin ser una belleza proyecta sensualidad y una seductora fragilidad, es Edith, la hija única que aspira a convertirse en escritora (“más Mary Shelley que Jane Austen”), de un empresario acaudalado de Colorado, al que un aristócrata británico venido a menos busca para que participe como inversionista en una máquina que ha inventado. El hombre desconfía desde el principio del recién llegado que, nada tonto, pone sus ojos en Edith, la cual ha tenido pretendientes, pero los ha dejado de lado para no distraerse en sus afanes literarios. Desde niña, Edith es visitada por el tenebroso fantasma de su madre que le advierte de peligros, y que la mantiene atada a un misterioso pasado.
Tom Hiddleston, quien tiene toda la pinta de un personaje de Jane Austen; venido a menos, pero encantador, es Thomas Sharpe, de cuya sinceridad Edith queda totalmente convencida y perdidamente enamorada. Thomas tiene una hermana mayor, Lucille, en una gran interpretación de Jessica Chastain, quien recibe a los recién casados en su extraña mansión, que se hunde poco a poco en la tierra movediza que forma una arcilla roja como sangre, en la que no se da nada y de la que viene el nombre del lugar: Crimson Peak-Cumbre escarlata.
Es así que el cuarto personaje es la propia casa, con un cuidadísimo diseño de arte, fotografía y dirección de la producción, que seguramente colocarán esta película en las próximas entregas de premios.
La cumbre escarlata es lo mejor de Del Toro junto con El espinazo del diablo y El Laberinto del fauno. No le doy detalles del argumento para que usted la descubra, y sobre todo la disfrute.
No se la pierda.
