Carmín tropical
Uno de los mejores estrenos nacionales de este año es, sin duda, Carmín tropical, una película dirigida por Rigoberto Perezcano, ganadora en el pasado Festival de Morelia, y basada en un guión escrito por él mismo. Con una particular elegancia y sutileza hace el ...
Uno de los mejores estrenos nacionales de este año es, sin duda, Carmín tropical, una película dirigida por Rigoberto Perezcano, ganadora en el pasado Festival de Morelia, y basada en un guión escrito por él mismo. Con una particular elegancia y sutileza hace el seguimiento de una investigación criminal en un muy logrado thriller, género poco explotado por el cine mexicano.
Carmín tropical cuenta la historia de Mabel, una transgénero originaria de Juchitán, en la zona Muxe del Istmo de Tehuantepec. Se trata de una sociedad que no está dividida en hombres y mujeres, sino en la que las muxes están reconocidos, incluso desde antes de la llegada de los españoles, como un tercer género. Las muxes no sufren discriminación ni son marginadas y desempeñan papeles importantes en su sociedad. Muxe es la palabra zapoteca para homosexual. Algunas familias lo alientan, y desde hace años es algo institucionalizado que no llama la atención de nadie. Bueno, casi nadie.
Perezcano inicia su secuencia de créditos con fotografías de dos niños, desde muy pequeños, vestidos con el uniforme de la escuela, en fiestas infantiles, jugando futbol, disfrazados para una celebración, de traje y corbata en su graduación. La secuencia fotográfica permite ver su evolución hacia el rol femenino, que es el que ellos traen en los genes y que, con no poco sufrimiento, están empeñados en asumir para ser realmente felices. Desde luego la transición es mucho menos traumática que en las sociedades occidentales muy cerradas, que castigan con rechazo e incomprensión “la salida del clóset”.
Mabel (José Pecina) está en sus 20, es guapa, delgada, femenina, fue bailarina y cantante. Trabaja en una fábrica de hilados y al enterarse de la muerte de Darina (Juan Carlos Medellín), en un horrible crimen de odio y homofobia, decide viajar a su pueblo para tratar de entender qué fue lo que pasó. La investigación no corre a cargo de ningún detective o autoridad, que ni siquiera están interesados en el caso, sino que es la propia Mabel la que se encarga de hacer las pesquisas sin darse cuenta de que se puede meter en la boca del lobo.
Darina fue su gran amiga (o) de la infancia, es ese otro niño que aparece con ella en las fotografías y que también decidió transitar hacia el género con el que alcanzó plena identificación, convirtiéndose en una mujer muy bella, simpática, fiestera, bailarina y cantante, que encontró la muerte a manos de desconocidos que la dejaron atada de pies y manos con cinta canela enrollada en la boca. Sólo hay un sospechoso, que parece inocente realmente, nada más.
Hago énfasis en la sutileza con que Perezcano desarrolla la historia, porque se aleja de cualquier tentación de sordidez o del melodrama, evita la violencia o el sexo gráficos. Es respetuoso con sus personajes, los quiere, y éstos a su vez están bien construidos. Parecería que no son hombres interpretando a otros hombres vestidos de mujer, sino a mujeres; la línea entre estos dos polos se desdibuja por completo gracias a una buena dirección de actores.
Definitivamente no se puede encasillar Carmín Tropical como cine de temática gay o para homosexuales, no. Más bien es un thriller muy bien contado que transcurre en un contexto hacia el que hay prejuicios o rechazo. La película es un buen vehículo para entrar a ese mundo y aceptarlo.
No se la pierda.
