Las voces
En 2008 la realizadora iraní Marjane Satrapi se convirtió en la primera mujer nominada a un Oscar de la Academia con una película animada en lengua extranjera. Aunque no ganó ese premio, Persépolis, su primer largometraje, cosechó numerosos reconocimientos en todo el ...
En 2008 la realizadora iraní Marjane Satrapi se convirtió en la primera mujer nominada a un Oscar de la Academia con una película animada en lengua extranjera. Aunque no ganó ese premio, Persépolis, su primer largometraje, cosechó numerosos reconocimientos en todo el mundo, incluyendo el Gran Premio del Jurado en Cannes, por cierto empatando con Luz Silenciosa de Carlos Reygadas.
Persépolis es una refrescante animación en blanco y negro, que puede interesar a niños entrando en la adolescencia y a adultos. No se parece a nada que hayamos visto en cine animado, llámese Disney, Pixar, Dreamworks, etcétera, y ésa es su gran virtud.
En ella Satrapi hace el seguimiento de la pequeña Marjane que vive en Teherán en el seno de una familia de pensamiento liberal, que atestigua los violentos cambios en Irán a raíz de la caída del Shah Reza Pahlevi, a la que sigue la imposición de un régimen islámico. Sus padres deciden mandarle a Europa y queda desarraigada de lo que pasa en su patria, pero crece en ella una convicción por la búsqueda de la justicia y la libertad.
Satrapi, dos películas después, cambia drásticamente su registro y nos entrega Las voces (The voices, Estados Unidos-Alemania 2014). Escrita por Michael R. Perry, que viene de la televisión. Se trata de una comedia negra, con sus tintes de horror y hasta cierto terror sicológico.
El protagonista es Ryan Reynolds que sorprende gratamente en uno de los mejores papeles que ha hecho en su carrera. Es Jerry, un empleado de una fábrica de muebles para baño que se ve aparentemente satisfecho en su chamba como ensamblador y empacador de tinas y tazas de baño. Pero Jerry tiene una doble vida.
Cuando llega a su casa, en la que vive sólo acompañado de un perro y un gato, inicia un proceso enfermizo por el cual sostiene largas conversaciones con ambos animales que son como aquel ángel y el diablo que parecen decirnos cómo obrar bien o como hacerlo mal. Desde luego el “bueno” es el perro, y el de los malos consejos es el displicente gato. Jerry oye voces, y sufre de algo que parece esquizofrenia, heredada de su madre, de la que guarda un trágico recuerdo.
Visita a su siquiatra con regularidad sólo para contarle cómo pasan sus días, de la chava que le gusta, etc. La doctora se da cuenta de que ha dejado de tomar los medicamentos, y lo que pasa es que a Jerry le gusta mucho más esa “separación” de la realidad que la falta del tratamiento favorece, que la cruel realidad que él ya no puede manejar.
Inseguro aunque amable Jerry intenta establecer una relación con una compañera de trabajo que le gusta, pero las cosas se le complican gravemente, y de ahí se echa a andar una espiral de errores que no puede detener. Ryan Reynolds es muy convincente en un personaje complejo.
No le doy más detalles, pero sí enfatizo en que llama la atención el riesgo que corre Marjane Satrapi en ésta su primera película en inglés y filmada en Estados Unidos. El sentido del humor es ácido y punzante en la mejor tradición de las comedias negras, que además abordan la locura de un protagonista con el que como espectadores nos conectamos casi de manera inmediata, a pesar de todas sus fechorías.
El desenlace me queda a deber, más bien me decepciona un poco, particularmente la innecesaria secuencia de créditos finales, pero como siempre lo dejo a su consideración.
Fuera de esto, Las Voces es de lo más recomendable de este fin de semana.
