La persecución
Michael Douglas transita por esa edad en la que los buenos papeles no abundan. Las mujeres sufren mucho más en esta etapa, algunas quedan casi relegadas al retiro o a muy pocas apariciones. Los hombres se defienden un poco más y, si son buenos actores, pueden pasar por ...
Michael Douglas transita por esa edad en la que los buenos papeles no abundan. Las mujeres sufren mucho más en esta etapa, algunas quedan casi relegadas al retiro o a muy pocas apariciones. Los hombres se defienden un poco más y, si son buenos actores, pueden pasar por ese periodo crítico con muy dignas interpretaciones.
Douglas es buen actor y lo demostró de nuevo con su trabajo dando vida a Liberace en Behind the Candelabra, película para televisión basada en la autobiografía homónima de Scott Thorson, quien fuera amante durante largo tiempo del icónico y extravagante pianista y estrella del entretenimiento. La película fue dirigida por Steven Soderbergh, y pasó por HBO, aunque también fue seleccionada para estar en el Festival de Cannes de 2013. Douglas ganó el Globo de Oro.
Pero los buenos papeles como éste no han abundado en los años recientes para el actor. Se ha ido hacia personajes de reparto poco interesantes como en la comedia romántica fallida (Juntos, pero no tanto), otra con tintes geriátricos (Último viaje a Las Vegas), que tampoco funcionó muy bien, y estamos esperándolo en una de superhéroes: Ant-Man: El hombre hormiga, que se estrena en México a mediados de julio.
En tanto, llega a nuestras carteleras La persecución (Beyond the Reach, Estados Unidos, 2014), muy débil segundo largometraje del francés Jean-Baptiste Leonetti y escrita por Stephen Susco y Robert White, quien es autor de la novela en que está basada: Deathwatch. Michael Douglas debe haber sentido que el proyecto funcionaría, pues además participa como productor.
La historia se ubica en el desierto de Mojave y se inicia con la separación de una pareja que vive en un remolque en la mitad del desierto, en la nada. Ella se ve decepcionada y deja al joven desolado. Nos enteramos después de que él es un guía y rastreador, que es contratado por un empresario arrogante y poderoso que llega al lugar a la caza del borrego cimarrón. Douglas es Madec, el prepotente millonario que carga con la mejor tecnología para sus días de cacería. Ya lo hemos visto en este tipo de personajes pretenciosos. En La persecución no se esfuerza demasiado y parece estar instalado en sus mejores momentos del pasado cuando fue Nicholas Van Orton, de El juego, o Gordon Gekko, de Wall Street.
Lo acompaña el joven Jeremy Irvine que se hizo famoso en Caballo de guerra (War horse), de Steven Spielberg. Él es Ben, gran conocedor del desierto que tendrá la mala suerte de encontrarse con un cliente insufrible. Inician la jornada en el poderoso vehículo de Madec, que parece una persona amable tratando de sacar conversación al joven Ben. Conforme el día transcurre y se adentran en la inmensidad del desierto, las cosas se complican cuando sucede un accidente que Madec tratará de arreglar a su manera.
Es una película de dos actores, uno perseguidor y otro perseguido que parece estar siempre fuera del alcance del primero en la inmensidad del desierto. Aunque es un tema trillado, en un principio tenía buenos elementos para ser entretenida, pero el guión es disparejo y no logra que el suspenso permanezca, cayendo en situaciones injustificadas o inverosímiles.
Como espectadores, necesitamos saber un poco mas de las motivaciones de los personajes, especialmente del cazador. El director muestra falta de consistencia para plantear situaciones de conflicto que mantengan nuestra atención. Hay pequeños y breves destellos en que suceden cosas interesantes, pero en general la película no atrapa.
Entretiene muy a secas.
