El penthouse
Una lluvia torrencial cae en la oscuridad de la noche. Súbitamente un cuerpo se precipita desde las alturas sobre un coche cuyos cristales se colapsan. La sangre empieza a mezclarse con las gotas de lluvia en el parabrisas. La historia viaja hacia atrás. En esos primeros ...
Una lluvia torrencial cae en la oscuridad de la noche. Súbitamente un cuerpo se precipita desde las alturas sobre un coche cuyos cristales se colapsan. La sangre empieza a mezclarse con las gotas de lluvia en el parabrisas. La historia viaja hacia atrás.
En esos primeros dos o tres minutos pensé que iba a ver un buen “thriller erótico”, como está anunciada El penthouse (The Loft, Estados Unidos-Bélgica, 2014). Pero promete más de lo que termina dando. Se trata de un remake de su propia película homónima del 2008, que dirige el realizador belga Erik Van Looy.
Cinco hombres en sus 30, todos casados, y con buena posición económica, son convencidos por uno de ellos para que adquieran un lujoso loft en el penthouse de un edificio. Podrán llevar a sus amantes sin tener que dar explicaciones, ni justificar cargos en tarjetas de crédito, o meterse a hoteles de mala muerte. Sólo hay cinco llaves que cada uno debe cuidar celosamente para evitar fugas de información. El plan parece perfecto hasta que el cadáver de una rubia aparece en un charco de sangre, y con una mano esposada a la cama del citado penthouse. Hasta ahí seguía siendo atractivo el argumento.
Clasificar una película como “thriller erótico” tiene sus ventajas para una cinta, sobre todo comerciales. El término es un buen gancho publicitario. El problema es que no todo lo que se encasilla en ese género es, en efecto, un thriller erótico. Ejemplos muy “pegadores” del género fueron, sin irse muy lejos, Bajos instintos, El cartero llama dos veces, Atracción fatal, etcétera.
Ahí radica el primer gran error de El penthouse, que dista mucho de cumplir con las características del género. La parte sexual de la historia está rodada con pinzas, sin correr riesgos, evitando desnudos, o sexo gráfico. La sensualidad y el erotismo brillan por su ausencia.
A eso hay que sumar un mal desarrollo de la trama que en un principio se hace atractiva con los viajes al pasado y presente, y el deterioro que se da en la relación de estos cinco amigos, interpretados por Karl Urban, James Marsden, Wentworth Miller, Eric Stonestreet y Matthias Schoenaerts —actor, por cierto, de la versión original belga—, que descubren que su amistad no lo es tanto. Surge la desconfianza, elemento muy mal aprovechado por Van Looy. La historia se va desarrollando entre los enfrentamientos entre los cinco, y sus declaraciones ante escépticas autoridades.
La construcción de los personajes es incompleta. Su perfil sicológico y datos de sus biografías resultan demasiado superficiales, por lo que el espectador tiene pocos elementos para entender qué los motiva, o identificarse con ellos. Cae en el lugar común de presentar a las cinco esposas como mujeres odiosas, superficiales y frías, no se salva una; pero lo peor es que ni siquiera da la oportunidad de conocerlas. Sabemos poco de los maridos, de ellas nada. Esto lleva a una lectura muy misógina del argumento que parece decir “estas brujas se merecen que sus esposos las engañen”.
El penthouse tiene su clara “enseñanza”: el adulterio tiene su castigo, como también la tuvo Atracción fatal, de Adrian Lyne, pero a diferencia de El penthouse en el camino Lyne nos permite disfrutar de una película con grandes actuaciones, suspenso, buenos giros argumentales, deseo y sexo.
Buscaré la versión belga de Loft, de 2008, para entender qué le pasó al señor Erik Van Looy, que en su propio remake se quedó tan corto.
