En el último trago

El realizador mexicano Jack Zagha debutó en el largometraje de ficción en 2010 con Adiós mundo cruel, una incomprendida crítica a la ya eterna crisis social y de seguridad de nuestro país. Con un guión en el que participaron varios escritores, entre los que figuran el ...

El realizador mexicano Jack Zagha debutó en el largometraje de ficción en 2010 con Adiós mundo cruel, una incomprendida crítica a la ya eterna crisis social y de seguridad de nuestro país. Con un guión en el que participaron varios escritores, entre los que figuran el propio Zagha, Felipe Cazals y Vicente Leñero, entre otros, cuenta la historia de Ángel, un buen hombre gris, honesto trabajador, entregado padre de familia y esposo, conforme o conformista o mediocre, que ha trabajado varios años en un despacho de contadores del que un buen día es dado de baja sin que medie mayor explicación que la necesidad de recortar personal. No dice nada en su casa, haciéndoles creer que sigue empleado y con su rutina habitual, pero un buen día entra en relación con un grupo de delincuentes con los que empieza a participar en ciertas fechorías. Todo contado con un muy inteligente sentido del humor y la interpretación de Carlos Alberto Orozco, al que de verdad se antoja ver en más trabajos.

El segundo largometraje de Zagha es En el último trago, una road movie digna de verse que tiene en los papeles centrales nada menos que a José Carlos Ruiz, Eduardo Manzano, Luis Bayardo, Pedro Weber Chatanuga, y la participación de Pilar Pellicer y Columba Domínguez en la última película de su carrera.

Cuatro amigos de más de 80 años se reúnen periódicamente a jugar dominó en una cantina. Comparten memorias, deseos no realizados, problemas de salud, viudez, soledad, abandono, etc, pero esa reunión para el dominó llena sus vidas por unas horas. En una de esas jugadas uno de ellos dice repentinamente: “yo sé bien que estoy afuera”. Tras la confusión explica a los otros tres que está muy enfermo y que morirá pronto, pero antes tienen que prometerle que cumplirán su última voluntad: llevar una servilleta de papel que conserva enmarcada, en la que José Alfredo Jiménez escribió un borrador de una canción que le dedica personalmente a él. Su “tesoro” tiene que llegar a un museo construido en memoria del compositor en Dolores Hidalgo. Ahí la gente sabrá de él, y de cómo el mismísimo José Alfredo le dedicó una canción.

Así se inicia una road movie en la que seguimos a los otros tres amigos: Luis Bayardo, Agustín, que vive de “arrimado” con su hijo y nuera, muy interesados en convertir en “gym” la recámara que él ocupa; Eduardo Manzano, Benito, que ha enviudado y al que su mujer se le aparece periódicamente sin dejarlo descansar en paz; y José Carlos Ruiz, Emiliano,  que vive con su esposa ya sumida en la demencia senil, y que comparte una platónica historia de amor con su vecina, Pilar Pellicer, que le ayuda a estar pendiente de la mujer cuando él emprende la aventura a Dolores Hidalgo.

Hay pocas propuestas en el cine, no sólo el mexicano, para el público de más de 80 años. Puede haber muchas razones y las comprendo: por ley de vida son menos, no tienen tantas facilidades para ir al cine, a nivel de mercadotecnia relacionada con la película no son un mercado muy productivo, o sea, no son negocio, las películas de ancianos, salvo algunas excepciones como ésta, no resultan de interés para otras generaciones.

Pero En el último trago es otra muestra del sentido del humor de Jack Zagha, en el que se desarrolla la historia de estos tres ancianos personajes que tienen mucho que dar y que vivir.

 Su compromiso con la amistad, la lealtad, su necesidad de cumplirle al amigo, de salir de su rutina donde son subvalorados, poco amados, son los motores de este viaje en el que todos acabarán descubriendo algo de los demás, pero sobre todo de sí mismos.

Con diferentes momentos cómicos, unos mejor logrados que otros En el último trago es una película no sólo para los ancianos, sino para los hijos, nietos y esposas.

Muy recomendable.

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