Güeros

Del director debutante Alonso Ruizpalacios, ganador del Premio del Jurado y el Premio Horizontes en el Festival de San Sebastián, y del reconocimiento a la Mejor Ópera Prima primera película en el Festival de Berlín del año pasado, entre otros, se estrena por fin en ...

Del director debutante Alonso Ruizpalacios, ganador del Premio del Jurado y el Premio Horizontes en el Festival de San Sebastián, y del reconocimiento a la Mejor Ópera Prima (primera película) en el Festival de Berlín del año pasado, entre otros, se estrena por fin en nuestro país Güeros.

Los nuevos realizadores mexicanos comparten, en su mayoría, una concepción muy semejante de la creación cinematográfica. Amat Escalante, Fernando Eimbcke, Michael Rowe, Michel Franco, Carlos Reygadas, Hari Sama, Gerardo Naranjo, Pablo González Rubio y, ahora, Alonso Ruizpalacios, entre otros, han alcanzado en ocasiones más reconocimiento en Europa que entre el público mexicano.

En todos se observa la constante de un lenguaje cinematográfico que desarrolla argumentos íntimos, que se ocupan de los personajes desde la perspectiva de sus conflictos existenciales, y más ampliamente de su interpretación de la realidad mexicana con sus dolorosas aristas: la inseguridad, la corrupción,la violencia, la crisis familiar, la soledad, etcétera.

Alonso Ruizpalacios debuta con Güeros contando una historia de su autoría en colaboración con Gibrán Portela. No pude evitar que me remitiera a Temporada de patos, de Fernando Eimbcke. Está muy bien fotografiada en blanco y negro; tiene como protagonistas a cuatro jóvenes, tres hombres y una mujer, en crisis personal y transitando un vacío que se enmarca y refuerza por medio de la huelga estudiantil que tuvo lugar en la UNAM, en 1999, con motivo de la polémica imposición de cuotas.

Tomás (Sebastián Aguirre) es un adolescente que vive con su mamá en Veracruz. Está completamente desubicado y no pierde la oportunidad de hacer diabluras. Un día arroja un globo de agua a una vecina que pasa con su bebé. Su mamá reconoce que ya no puede con él y lo envía a la Ciudad de México con su hermano Federico, conocido como Sombra, estudiante universitario en paro, interpretado por Tenoch Huerta. Tomás es el güero de la familia, mientras que Sombra es “prieto”, de lo que se derivan comentarios y bromas que, en ocasiones, hay que apuntarlo, se sienten un poco forzadas.

Sombra vive con su amigo Santos (Leonardo Ortizgris) en un departamento muy modesto, en el que ya no tienen energía eléctrica. Se las ingenian para robársela de los vecinos en el piso de abajo. Santos y Sombra están en una suerte de enorme paréntesis en sus vidas; parecería que el tiempo se ha detenido para ellos; no hacen nada, no producen nada y, como comento arriba, su compás de espera va a tono con la parálisis en la vida de la comunidad universitaria. Tomás llega a inyectar cierta reactividad en sus vidas, pues se empeña en encontrar a un rockero al que su papá —que ya falleció— admiraba cuando ellos eran niños, y “que hizo llorar a Bob Dylan”.

El cuarto personaje en el grupo es Ana —interpretado por una muy convincente Ilse Salas—que encarna a una joven vinculada al movimiento estudiantil, locutora de una estación de radio que ha sido tomada por los estudiantes y vive a medio camino entre la vida burguesa, el alejamiento de su familia, el compromiso con la causa y sus escarceos amorosos con Sombra. La confusión, el vacío, la parálisis, las vueltas persiguiendo su propia cola, hacen que el planteamiento de la realidad de estos cuatro jóvenes resulte una alusión a Los 400 golpes, de Truffaut. La exploración del difícil tránsito hacia la adolescencia en el desenvolvimiento de Tomás, y el aplazamiento por parte de Sombra, Ana y Santos, para tomar las riendas de sus propias vidas, para pasar a ser de espectadores a protagonistas de sus destinos, para salir del marasmo, la parálisis y la frustración.

Todo explorado con un muy particular sentido del humor, a través de largas secuencias en las que no pasa nada y que no son más que la representación de lo poco que pasa en sus vidas.

Un gran guión; resulta muy recomendable.

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