Reencontrando el amor

De la cinematografía francesa y su reciente cuota de comedias nos llega una propuesta comercial que pudo ser mejor, en torno a las segundas oportunidades en el amor. Se trata de Reencontrando el amor Une Rencontre, Francia, 2014 escrita, dirigida y coprotagonizada ...

De la cinematografía francesa y su reciente cuota de comedias  nos llega una  propuesta comercial que pudo ser mejor, en torno a las segundas oportunidades en el amor. Se trata de Reencontrando el amor (Une Rencontre, Francia, 2014)  escrita, dirigida y coprotagonizada por Lisa Azuelos. El principal atractivo de la película es la pareja de Sophie Marceau y François Cluzet, dos de los actores más populares del cine francés,  este último con un buen empujón a su carrera tras el éxito de Intocable-Amigos, en la que interpreta a un hombre parapléjico que establece una relación muy peculiar con un cuidador que cambia su vida.

Dentro del género de la comedia romántica llega a ser hasta banal y un poco tramposa, no se mete en complicaciones evitando profundizar en los personajes y sus respectivas circunstancias. Gira en torno a Elsa (Marceau), una escritora madura, atractiva, divorciada, independiente, libre, que vive su sexualidad en encuentros ocasionales con jovencitos que entran y salen de su vida. Por las noches sale con sus amigas, a las que comenta que le gustaría compartir su éxito con una pareja estable. En un antro su mirada se cruza con la de Pierre (Cluzet), un abogado con 15 años de matrimonio aparentemente feliz, que al ver a Elsa siente la “la comezón del quinceavo año” y queda prendado de ella. El flechazo es mutuo, pero Elsa tiene como norma no relacionarse con hombres casados. Condicionando la trama a este muy endeble postulado se derivan una serie de situaciones, con algunas reflexiones alrededor de la idea, mal planteada, de que la esposa de 15 años de matrimonio puede no ser el amor de la vida de un hombre.

El tema de las segundas oportunidades en el amor ha sido tratado casi desde el inicio del cine. Las parejas maduras que ya se hartaron de su matrimonio y se convencen  de que “el pasto del otro lado de la barda es más verde”, dan para muchos libros y guiones. Pero parecería que la principal intención en Reencontrando el amor es más bien explotar a sus protagonistas en un argumento muy pobre que alarga ciertas secuencias vacuas para cubrir el metraje de película.

El personaje de Elisa es poco congruente. Es una mujer libre y feliz, no  tiene ningún prejuicio en llevar a su casa jovencitos que son un poco mayores que su hija, pero se pone conservadora (o práctica) a la hora de involucrarse con un hombre casado en una sociedad muy abierta en la que los matrimonios han dejado, poco a poco, de romper récords de resistencia. Los rompimientos suceden en muchos casos por la aparición de una tercera persona.

Pierre es un muy buen padre y esposo y no parece padecer por ello. Su esposa, interpretada por la propia Lisa Azuelos, está  lejos de ser una bruja fastidiosa, es una profesionista joven y bella. Se preocupa por mantenerse atenta de su hogar, y favorece la complicidad de sus escapadas con Pierre. Él esta consciente de ello desde el principio, lo que hace totalmente predecible cual será el destino de su pequeño devaneo.

Así, el relato transcurre basado en el conflicto de Elsa entre la atracción que siente por Pierre, y su negación a relacionarse con alguien casado. El lado de Pierre se desarrolla entre esa especie de travesura adolescente que le ha hecho papalotear las mariposas del estómago por el magnetismo de Elsa, y el deber ser que lo reprime a dar un paso serio.

Algunas reflexiones se cuelan como el “volver a sentir”, el riesgo de poner en peligro el compromiso de años con una pareja por una atracción casual —pues prácticamente no se conocen—,  en medio de largas secuencias insustanciales muy en la estética del videoclip, con pantalla dividida en la que vemos a ambos personajes que cantan canciones de moda en Francia. Poblada de lugares comunes la historia no profundiza nunca en los personajes —aun siendo una comedia—, y eso hace que como espectadores no nos identifiquemos con ellos. Los puntos de vista masculino y femenino son demasiado débiles.

Queda como vehículo del lucimiento de dos actores de moda en Francia. Como si juntáramos en una película a George Clooney viviendo un affaire con Julia Roberts, no va más allá. Como dice Pierre en algún momento “lo que nunca empezó, nunca termina”.

Da y demanda poco del espectador. Sin exigir, se deja ver.

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