No confíes en nadie
Ése es el poco agradecible título en español de la película Before I Go to Sleep Reino UnidoFranciaEstados UnidosSuecia 2014. Segundo largometraje de Rowan Joffé, que adapta y dirige la novela homónima de S. J. Watson. Es hijo de Roland Joffé, cuya película más ...
Ése es el poco agradecible título en español de la película Before I Go to Sleep (Reino Unido-Francia-Estados Unidos-Suecia 2014). Segundo largometraje de Rowan Joffé, que adapta y dirige la novela homónima de S. J. Watson. Es hijo de Roland Joffé, cuya película más destacada hasta hoy sigue siendo La misión.
El título en español es lamentable, pues nos devela de antemano parte de lo que sucederá en la película. Como en otras ocasiones, obedece a esa necedad por subestimar a los espectadores que parecen necesitar, según el estrecho criterio de alguien, una pequeña pista o explicación por adelantado, aunque incluya lo que en inglés se llama spoilers (datos que echan a perder el suspenso). Traducida textualmente Antes de irme a dormir, es una historia predecible que descansa en tres personajes. La película se inicia con un gran close up del ojo azul intenso de Christine —una solvente Nicole Kidman que nos hace recordar su otro despertar en una secuencia de Los otros—, que al cobrar conciencia queda presa de una enorme confusión. La cámara se va alejando y vemos que está acostada junto a un hombre al que no conoce. Ella trata de zafarse del abrazo de este extraño sin despertarlo y se mete al baño. Se mira en el espejo y observa su rostro sorprendida. La puerta del baño se abre y el hombre está sentado en la cama. Con paciencia le dice que ella es Christine y él es su marido Ben, muy bien, Colin Firth. Le explica que hace años sufrió un accidente automovilístico que la dejó con amnesia anterógrada que le impide retener las vivencias de las 24 horas del día anterior, las cuales se disuelven en el olvido y la confusión mientras duerme, para tener que empezar de nuevo al día siguiente. Ella pregunta: “¿Así son todos los días?”, a lo que Ben asiente con la cabeza. De ahí la importancia del título original.
Antes de salir a trabajar Ben da instrucciones a Christine, cómo tiene que hacerlo todos los días. Al quedarse sola suena el teléfono y una voz masculina se presenta como su siquiatra, interpretado con solidez por Mark Strong, que está ayudándola a recuperar la memoria y quien la llama diariamente. Aquí me quedo.
Partiendo de esta premisa, muy parecida a AmnesiaMemento, de Christopher Nolan, por cierto mucho mejor lograda, Joffé cuenta una historia que funciona básicamente por el trabajo de sus protagonistas, pues parecería que él no quiso correr riesgos y su propuesta se queda en un planteamiento muy elemental, conservador, casi complaciente, que con otro cuadro de actores hubiera pasado desapercibida.
Kidman, quien perdió parte de su belleza a raíz de los tratamientos y cirugías a que se sometió (el labio inferior parece pesarle), sigue siendo una gran actriz y no ha perdido su capacidad para ser convincente en este tipo de personajes, atrapados y atormentados por dudas y recelos, en No confíes en nadie se apodera de la película. Una mujer que pierde la memoria todos los días, es un reto interesante para una actriz y quién mejor que Nicole Kidman para darle vida con toda su vulnerabilidad, intensidad y crispación. Christine despierta cada mañana con las manos vacías, convencida de que no han pasado 20 años.
Colin Firth, quien por cierto tiene otra película en nuestras salas, Kingsman: El servicio secreto, acompañado también de Mark Strong, es convincente como el marido amoroso y paciente, entregado a una esposa que lo desconoce cada mañana al despertar, que lo rechaza sexualmente, con la que desde hace años tiene que volver a empezar todos los días.
El guión es el punto débil de No confíes en nadie, que seguramente Rowan Joffé, en su inexperiencia, prefirió poblar de lugares comunes y referencias muy básicas para los espectadores. Es una pena, porque aunque sus tres actores salvaron la película, sobre todo Kidman, su enorme potencial a la orden de un buen director acabó desperdiciado.
Aún así, se deja ver.
