La familia Bélier
Ya pasada la euforia de premios que concluyó con la entrega del Oscar, cuyos resultados ya son de todos conocidos, hay que enfatizar en una película que pasa actualmente por algunas salas mexicanas, y que se distancia de las densas temáticas que caracterizaron a la ...
Ya pasada la euforia de premios que concluyó con la entrega del Oscar, cuyos resultados ya son de todos conocidos, hay que enfatizar en una película que pasa actualmente por algunas salas mexicanas, y que se distancia de las densas temáticas que caracterizaron a la mayoría de las películas nominadas, a excepción de El gran hotel Budapest.
La familia Bélier (La familie Bélier, Francia-Bélgica, 2014), dirigida y coescrita con otros tres colaboradores por Eric Lartigau, es una comedia familiar muy a la francesa, divertida, ligera, bien contada. La anécdota es original y el desarrollo es particularmente sencillo y sin pretensiones, convirtiéndola casi en una fábula. En Francia ha tenido un gran éxito en la taquilla.
Los Bélier viven en la campiña francesa y tienen una bucólica granja en la que se dedican a la fabricación de quesos artesanales. Su vida transcurre entre las intensas jornadas de trabajo cuidando a sus animales y preparando quesos, la venta de sus productos a clientes y en ferias que se organizan en el pueblo, y su muy estrecha y armoniosa convivencia familiar. Se compone de cuatro miembros que se han propuesto ser felices contra todo. El papá Rodolphe, François Damien, la mamá Gigi, Karin Viard, y un hijo, Quentin, Luca Gelberg, son sordos (este último sordo de verdad); la otra hija de 15 años, Paula, Louane Emera, nació sin el problema y su desarrollo ha sido completamente normal, a tal grado que se ha convertido en el contacto de la familia con el resto del mundo: los compradores, cobradores, proveedores, autoridades, bueno, hasta a las visitas al ginecólogo tienen que llevarla para que sirva de intérprete. Paula ha aprendido desde niña a alternar sus obligaciones escolares con su responsabilidad dentro de la familia y ser feliz al mismo tiempo.
Lo que podría parecer el coctel perfecto para un lacrimógeno melodrama resulta en una comedia ágil, con muy buenos momentos cómicos. Una grata sorpresa.
Louane Emera es una joven actriz y cantante que debuta en el cine a raíz de su triunfo en el concurso La Voz... Francia en 2013. El papel de Paula Bélier le queda como anillo al dedo, pues proyecta carácter, naturalidad, calidez, enorme amor y respeto por su familia, y una belleza particular con una sensualidad incipiente que la hace muy atractiva.
Los Bélier se han propuesto no darse a la desgracia y, por el contrario, abrazan la vida con un regocijo que por momentos puede parecer falso o exagerado, pero que en las diferentes situaciones cargadas de humor es inevitable que mueva a la carcajada.
Los padres están pérdidamente enamorados y viven su sexualidad sin ningún empacho. El hijo parece tener bien tomada la medida en la atípica situación familiar, y Paula ha asumido sin chistar el rol que le ha tocado jugar en este grupo. Pero un día se inscribe en el coro de la escuela y el director descubre que tiene una voz excepcional con potencial como para fomentar que haga una carrera.
El gran obstáculo para que Paula se decida a inscribirse en un concurso de canto es la obligación para con su familia, y es en donde todos serán puestos a prueba en aras de la felicidad, el crecimiento y la realización de la joven.
Una buena parte de los gags de la película corren por cuenta de ese maestro de canto interpretado por Éric Elmosnino, y que me hizo recordar a la maestra de ballet de Billy Elliot, pero sin los resentimientos, ni su carga de frustración. La familia Bélier no se mete en complicaciones, todo corre como miel sobre hojuelas, insisto, es casi una fábula.
Aunque con lagunas en el guión —como la campaña política del papá para convertirse en alcalde y que después se abandona sin aviso—, La familia Bélier funciona de principio a fin, sobre todo por los buenos oficios de los actores que dominaron el lenguaje para sordos que ejecutan de manera enérgica, histriónica, casi disparatada, y muy divertida.
Se pasa un buen rato, no se la pierda.
