Whiplash

Otra representante del cine independiente estadunidense para esta temporada de premios que culmina con la “joya de la corona”, el Oscar, es Whiplash Estados Unidos, 2014 que se estrena mañana en México. Está escrita y dirigida por el joven cineasta y percusionista ...

Otra representante del cine independiente estadunidense para esta temporada de premios que culmina con la “joya de la corona”, el Oscar, es Whiplash (Estados Unidos, 2014) que se estrena mañana en México.

Está escrita y dirigida por el joven cineasta y percusionista Damien Chazelle, nominado al Oscar por el guión con el que adapta la versión anterior de la misma historia, en su propio corto homónimo; éste es su segundo largometraje. Se trata de un relato  inteligente, bien contado y con dos actores que atrapan. El título Whiplash, con su pintoresco añadido en México, Música y obsesión, se toma de la composición del jazzista Hank Levy, que se escucha en repetidas ocasiones durante la película.

El argumento sigue a un joven músico, Andrew, que ejecuta la batería con destreza y sobre todo pasión, y cuyo sueño es perfeccionarse y llegar a tocar con las bandas de jazz más importantes. Buscando una posición en algún grupo audiciona para la orquesta de un prestigiado conservatorio de música que es dirigida por un férreo maestro con muy cuestionables métodos: Fletcher, y así se inicia una compleja relación y duelo de egos e inteligencias, entre un chavo lleno de sueños y seguro de sí mismo, y un maestro que utiliza los mensajes negativos, la humillación, la violencia y la descalificación, como herramientas para “motivar” a sus estudiantes.

Andrew está interpretado por Miles Teller, un joven y talentoso actor con larga carrera. Forma parte del reparto de la saga Divergente y protagoniza la nueva versión de Los 4 fantásticos, a estrenarse a mediados de este año, con su secuela para 2017. Andrew no tiene hermanos, y la mamá los ha abandonado a él y al papá que intenta ser escritor. Su mayor ambición en la vida es triunfar en el mundo de la música, particularmente el jazz, y se impone largas y agotadoras sesiones de práctica. 

J. K. Simmons es Fletcher, el maestro que dirige la orquesta del conservatorio y de cuya terrorífica fama Andrew está bien consciente. Desde su apariencia física, Simmons dota al personaje de una potente y avasalladora personalidad. Siempre vestido de negro, la cabeza rapada, de aspecto obsesivamente pulcro, Fletcher se va develando en el relato como un hombre astuto, cruel, tortuoso, casi maquiavélico, es un maestro convencido de que “la letra con sangre entra”, y con ello justifica sus dudosos medios para llegar a un fin: hacer que sus músicos saquen lo mejor de sí, lo cual es, al mismo tiempo, una forma de disfrazar la frustración y el resentimiento por su propia carrera musical trunca.

Con un rodaje de apenas 19 días, Whiplash me lleva a recordar El cisne negro, de Darren Aronofsky, por la que en 2011 la actriz Natalie Portman se llevó al Oscar a Mejor Actriz interpretando a una joven bailarina de ballet, en competencia para quedarse con el personaje principal de El lago de los cisnes. Ambas películas son un gran reto para los protagonistas y permiten su lucimiento, como es el caso para J. K. Simmons, quien está nominado al Oscar por Mejor Actor de Reparto; raro que no hayan considerado también a Miles Teller, que pone las entrañas en su interpretación mostrando que se preparó intensamente para ser convincente en la ejecución de la batería.

El duelo de inteligencias para alcanzar la perfección en la línea “a ver quién se cansa primero” o “yo no voy a ceder” es patente en las dos cintas, con la salvedad de que El cisne negro se va moviendo hacia la sicosis de la protagonista que va perdiendo el contacto con la realidad, mientras que en Whiplash se establece muy claramente una estructura narrativa de tres actos con la pugna de dos hombres muy inteligentes. La balanza se inclina hacia el maestro, luego al aprendiz, llevando a un desenlace atractivo y muy viable, pero que, personalmente, me deja a deber.

El impecable montaje en las secuencias musicales se rige por el ritmo de los golpes en la batería, y está también nominada por la Edición y la Mezcla de Sonido.

                Muy recomendable.

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