St. Vincent
Con una breve carrera en el cortometraje, el realizador Theodore Melfi dirige, escribe y produce St. Vincent que entre otros reconocimientos cuenta ya con nominaciones al Globo de Oro para la categoría de Mejor Actor y Mejor Película de Comedia o Musical. La gran virtud ...
Con una breve carrera en el cortometraje, el realizador Theodore Melfi dirige, escribe y produce St. Vincent que entre otros reconocimientos cuenta ya con nominaciones al Globo de Oro para la categoría de Mejor Actor y Mejor Película de Comedia o Musical.
La gran virtud de Bill Murray es esa capacidad para presentarse en la pantalla como un hombre común y corriente, bicho raro antisocial, a la baja, solo, deprimido, peleado con todo el mundo, sobre todo consigo mismo, mientras que imprime a sus interpretaciones un ácido sentido del humor. Murray tiene esa extraña combinación que le permite interpretar hombres que, por sus resentimientos, pueden ser hasta hirientes o crueles, pero que desde el fondo proyectan una gran calidez y sobre todo fragilidad. Estas son algunas de las características de su personaje en St. Vincent, película estadunidense que es un gran vehículo para que se luzca haciendo lo que sabe hacer como nadie.
Con un reparto muy bien seleccionado, la historia se inicia con una madre sola en proceso de divorcio, que se muda a un barrio nuevo con la intención de reinventar su vida y la de su hijo. Desde la mudanza, Maggie y su hijo Oliver llegan con el pie izquierdo a la vida de su amargado vecino Vincent, Bill Murray. Maggie es Melissa McCarthy, actriz que ha cobrado mucha fama recientemente dando vida a mujeres obesas, vulgares, hombrunas, explotando hasta el hartazgo el humor vulgar y escatológico. A pesar de que al público joven le gusta verla en ese tipo de caracterizaciones, McCarthy es una actriz con talento que da para mucho más, como lo demuestra en St. Vincent.
Maggie es técnica en scanners y tomografías y ha encontrado empleo en un hospital en el que sus horarios le impiden pasar tiempo con su hijo Oliver, toda una revelación del actor infantil debutante Jaeden Lieberher. Vincent vegeta entre las apuestas en carreras de caballos, las horas en un bar del que sale totalmente ebrio, y las penosas pero amorosas visitas a una casa de reposo, en la que se encuentra recluida su esposa de 40 años de matrimonio y a la que quiere muchísimo, pero que no lo reconoce y lo asocia con la figura de un médico que la atiende periódicamente.
Vincent a su vez mantiene una relación singular con una prostituta y stripper rusa, divertidísima Naomi Watts con acento clavado, quien presenta un avanzado embarazo que ya no le permite trabajar. Chris O’Dowd es el sacerdote que recibe a Oliver en su nueva escuela y que tiene momentos muy cómicos hablando de religión con los niños.
Las cosas llevan a que Vincent, que busca el dinero fácil y de la manera más cómoda, se convierta en el “niñero” de Oliver, y con esto la vida de ambos cambia radicalmente. El hombre no es ni lejanamente el mejor ejemplo para influir en un niño solitario y apocado aunque muy inteligente, pero Maggie no encuentra una mejor opción.
No puede decirse que estemos ante una película original. El argumento del viejo solitario y gruñón cuya vida cambia al entrar en contacto con alguien en desventaja que lo necesita, se ha visto varias veces en el cine. Sin ir más lejos así lo hizo Clint Eastwood con Gran Torino en la que él mismo da vida a un veterano de guerra cuyos vecinos orientales le cambian el esquema. También un gran ejemplo es Mejor imposible en la que Jack Nicholson es un hombre con un desorden mental cuyo vecino homosexual, Greg Kinnear, lo lleva a salir de su ostracismo. Y si nos vamos al pasado, hasta Charles Chaplin lo hizo en The kid; la fórmula rara vez falla con los actores adecuados.
El guión en St. Vincent acierta en la presentación de esa familia disfuncional y describe puntualmente a cada personaje, pero su eficiencia en conectarse con las emociones del espectador recae en el trabajo de los actores, particularmente Bill Murray y el jovencito Jaeden Lieberher, que se compenetran bien trabajando juntos encarnando a dos buenas personas, solas, frágiles, amorosas.
Muy recomendable.
