Play it again, Sam
Entre los más explotados conflictos de la literatura, el teatro o el cine, se encuentra el triángulo amoroso. Pocas cosas llaman tanto la atención del lector o espectador, que la explosión de sentimientos y pasiones en cada uno de los lados de ese triángulo, en todas ...
Entre los más explotados conflictos de la literatura, el teatro o el cine, se encuentra el triángulo amoroso. Pocas cosas llaman tanto la atención del lector o espectador, que la explosión de sentimientos y pasiones en cada uno de los lados de ese triángulo, en todas sus presentaciones.
Cuando dos hombres aman a la misma mujer, o un hombre es amado por dos amigas, si se puede íntimas, y si son hermanas mejor; cuando tres hombres o tres mujeres se ven envueltos en la pasión amorosa, cuando el mejor amigo de él se enamora no de ella, sino de él. Las combinaciones son variadas, pero todas derivan en el triángulo que en la mayoría de los casos incluye el adulterio, otro elemento de tentación y atención. Desde el drama a la tragedia (Match Point), la comedia (Realmente amor), pasando por el thriller sicológico (Luna amarga), y deteniéndose en la ciencia ficción (Juegos del hambre), el cine de zombies y vampiros (Crepúsculo), la fantasía (Harry Potter), el musical (El fantasma de la ópera), o el cine clásico que durante una larga etapa presentaba a la mujer como “ese oscuro objeto de deseo”, que provocando las pasiones de los otros dos “indefensos e inocentes” lados del triángulo, sólo traía problemas. Las historias de amor “entre tres” son un excelente recurso narrativo para el crimen, la traición, la venganza, la envidia, la muerte, la perversión, la guerra, los conflictos políticos, la obsesión, el deseo, pero también permiten la lealtad, la renuncia, el perdón, el sacrificio, la redención. Ejemplos hay miles en la cinematografía mundial.
Pero algo tiene Casablanca que abordando esa temática tan explotada y después de 72 años de haber sido estrenada, permanece como una constante del cine. Considerada una de las mejores películas en la historia de la producción hollywoodense —y para muchos mundial—, Casablanca fue dirigida por Michael Curtiz, norteamericano de origen húngaro, y es la adaptación para el cine de la obra de teatro Everybody comes to Rick’s (Todos vienen al lugar de Rick), que fue el título original de la película. La puesta en escena fue escrita en 1940 por Murray Burnett y Joan Alison, quienes dicho sea de paso, recibieron nulo reconocimiento a la hora del enorme éxito de la versión cinematográfica, y en cambio los adaptadores, Howard Koch y Phillip y Julius Epstein, fueron ganadores del Oscar.
Salvo por la escena inicial del aeropuerto, la cinta está filmada en su totalidad en los estudios de Warner Bros. en Burbank, California. El triángulo clásico de la pantalla grande se formó de tres actores que, aunque hicieron muchas películas más, se quedaron con la etiqueta de su labor en Casablanca: Humphrey Bogart, contenido, taciturno, a veces rudo y cínico, es Rick Blaine, el dueño de un café-antro-cabaret-centro nocturno-bar conocido como Rick’s Café Americain, en la ciudad de Casablanca en Marruecos, durante los años tumultuosos de la Segunda Guerra Mundial. El negocio de Rick se había convertido en el refugio de exiliados de la Francia de Vichy y miembros de movimientos de resistencia al avance nazi. Fue la primera película romántica en la carrera de Bogart.
El segundo lado del triángulo es Ilsa Lund, interpretada por la bellísima Ingrid Bergman. Su llegada a Casablanca obedece a que su esposo, Victor Laszlo, es un carismático líder de la resistencia checa y requiere de los salvoconductos que se negocian en el café de Rick para continuar su lucha. Bergman está como nunca, derrochando sensualidad y elegancia, es casi etérea.
Paul Henried parece ser su equivalente masculino dando vida a Laszlo.
Pero Rick e Ilse no pueden evitar que los traicionen los recuerdos de su relación amorosa en París y descubren que sus sentimientos están más vivos que nunca. La disyuntiva para ambos los acorrala entre el amor que se prodigan, y hacer lo correcto. El drama de esta encrucijada es el punto climático de Casablanca y por lo que los que la hemos visto la amamos. Todos los personajes muestran lo mejor de sí mismos: Claude Rains como el Capitán Louis Renault, Victor Laszlo que ama a su esposa y persigue un ideal que trasciende todo, los propios Rick e Ilsa, que renuncian a estar juntos, guardándose en secreto la emblemática frase: “Siempre tendremos París”.
A sus 72 años Casablanca se sigue viendo mejor en la pantalla grande. Algunas salas de Cinemex la exhiben, no se la pierda.
