El cuarto desnudo

El universo puede ser ese espacio infinito que nos han mostrado desde pequeños. Pero también puede ser, y de hecho lo es con más frecuencia, el espacio contenido en unos cuantos metros cuadrados, en un clóset o un armario, en un muy oculto cajón, en un estuche, en ...

El universo puede ser ese espacio infinito que nos han mostrado desde pequeños. Pero también puede ser, y de hecho lo es con más frecuencia, el espacio contenido en unos cuantos metros cuadrados, en un clóset o un armario, en un muy oculto cajón, en un estuche, en algún rincón de la mente y el corazón. Cada uno tenemos nuestro propio universo, muy aparte de galaxias, nebulosas, estrellas, planetas.

Para el grupo de niños y niñas filmados durante sesiones de sicoterapia en el Hospital Psiquiátrico Juan. N. Navarro en el documental mexicano El cuarto desnudo (México, 2013), el universo es además opresivo, asfixiante, y peor aún, sin esperanzas. Segundo largometraje de la realizadora Nuria Ibáñez, el escenario es desolador, tanto en lo físico como en lo emocional y síquico. Rompiendo una cuarta pared,   todo sucede en las cuatro paredes de ese “cuarto desnudo” del título. Las miradas  cambian, la constante son las expresiones de impotencia, las lágrimas, enojo, dolor, resentimiento, mucho miedo.

La cámara se ubica frente a los pacientes. A un lado, fuera del cuadro, está la terapeuta que hace las preguntas, la pantalla completa es ocupada por los rostros de niños y adolescentes de ambos sexos, con severos problemas de conducta, deprimidos, suicidas, inadaptados, agresivos, brutalmente rechazados, en los que uno se pregunta qué sucedió primero, el rechazo y el desamor o la incapacidad de los chicos para insertarse en el seno de algo siquiera parecido a un grupo familiar.

A la luz de la barbarie en la violencia que acosa a nuestro país, El cuarto desnudo resulta un trabajo más que necesario al hacernos reflexionar sobre el origen del mal desde el seno mismo de la familia. El rechazo frontal de un papá hacia su hijo de escasos seis años que le “dejó la mamá”, que todavía moja la cama, que guarda su excremento en una bolsa, que está “saboteando” su relación de pareja; cuánta incapacidad del adulto para entender que todo son señales de auxilio, luces de alerta  de un niño que no sabe cómo manejar tantas agresiones y que sólo acierta a devolver el golpe con otro golpe.  Qué cerrazón por parte de este papá que pone un ultimátum a su hijo, amenazándolo con que si continúa con esa actitud lo pondrá de patitas en la calle.

Una jovencita que imagina que sus senos son enormes, que percibe su cuerpo como deforme, que considera que antes (de desarrollarse) era una niña normal. Un adolescente que siente alivio al cortarse los muslos y los brazos. Una niña cuya madre ya no quiere recibirla en casa, y que ve en el siquiátrico la solución a ese problema, cuando su propia hija se ha convertido en poco menos que una papa caliente, un lastre, que quiere endosarle a alguien más.

Ganador del premio al Mejor Documental en el pasado Festival de Morelia, el trabajo de Nuria Ibáñez parece presentar “muestras” en los numerosos testimonios y entrevistas que forman su documental de escasos y muy bien aprovechados 70 minutos de duración. Los elementos de juicio provienen de los pacientes, que dicen más en su lastimoso y hasta conmovedor lenguaje corporal, que en sus respuestas a las preguntas de la terapeuta.  La palabra “amor” brilla por su ausencia.

Ibáñez guarda una respetuosa distancia en torno a esta disección de la estupidez humana, su cámara es sus ojos, nuestros ojos. Y con sensibilidad nos lleva a reflexionar, entre otras cosas, en que lo que llama la atención, más allá de las sicosis de los niños y jovencitos, es lo gravemente enferma que está la sociedad que los ha lanzado al mundo. El complejo proceso de descomposición y las mínimas oportunidades de un futuro sano productivo que estamos dándole a la infancia y juventud de este país.

Dice Costa Gavras que el cine no está para dar respuestas, sino para plantear preguntas.

            El cuarto desnudo se puede ver en salas de la Cineteca Nacional.

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