Un viaje de diez metros
Piense en una película dirigida por el sueco Lasse Hallström Las reglas de la vida, ¿A quien ama Gilbert Grape?, Una vida sin terminar, Querido John, Atacando cabos, La pesca del salmón en Yemen, Un lugar secreto, Siempre a tu lado, Chocolat, producida por Steven ...
Piense en una película dirigida por el sueco Lasse Hallström (Las reglas de la vida, ¿A quien ama Gilbert Grape?, Una vida sin terminar, Querido John, Atacando cabos, La pesca del salmón en Yemen, Un lugar secreto, Siempre a tu lado, Chocolat), producida por Steven Spielberg y Oprah Winfrey, y protagonizada por una ganadora del Oscar, la británica Helen Mirren. El resultado es exactamente lo que se imagina, y está plasmado en Un viaje de diez metros (The hundred foot journey, India-Emiratos Árabes Unidos-Estados Unidos, 2014).
Una producción de esas que nuestros vecinos del norte clasifican como feel good movies (algo así como películas para sentirse bien), con todos los ingredientes del cine de Hallström que tras desempeñarse varios años en la cinematografía de su país, en donde destacó con Mi vida como un perro (Suecia, 1985), dio el salto a Hollywood en 1990. Hallström dirige en esta ocasión una cinta de temática gastronómica, pero que no llega a los niveles de sensualidad o erotismo de El festín de Babbete; Comer, beber, amar; Como agua para chocolate; July y Julia . No le niego que la presentación de los platillos activa las glándulas salivales, pero la integración del placer de preparar comida y disfrutarla con el contexto de la historia, no alcanza a darse de manera convincente. Lo que a Hallström le sale bien son las historias sensibles, a veces dulzonas, emotivas, a veces sentimentales; y esa es la línea de Un viaje de
10 metros.
Está basada en la novela homónima y convertida en best seller de Richard C. Morais. La adaptación es de Stephen Knight. Con la fotografía e iluminación características de la películas de Hallström —ocres, dorados y cobres intensos, mucho colorido; muy cuidada iluminación—, se inicia en una comunidad no identificada de la India en la que una familia sufre la violencia de un levantamiento rebelde que cuesta la vida de la madre. El papá decide salir del lugar y migrar a Europa junto con sus cuatro hijos, uno de los cuales es un sensible y atinado cocinero (se resiste a nombrarse chef). La familia tiene una larga historia y tradición dentro de la gastronomía india, y tratan de empezar de nuevo en Francia, en un apacible pueblo de la campiña, y se proponen abrir un restaurante. Después de mucho trabajo y una buena cantidad de elipsis (saltos en la narración que dan por entendidos los hechos en el espectador), el Maison Mumbai está listo para abrir. Pero los problemas vienen porque la casa en ruinas que compran para echar andar el negocio, está exactamente enfrente (a diez metros) de un exclusivo restaurante francés, visitado por los habitantes de la región y conocido incluso en los altos círculos gastronómicos de París, de donde grandes personajes viajan para disfrutar sus exquisitos platillos.
La dueña del Le Saule Pleurer es Madame Mallory, interpretada por Helen Mirren. Mallory es estricta y tiene el objetivo desde hace 30 años de lograr una segunda estrella Michelin, que consolide el prestigio de su restaurant a nivel internacional. Una calle separa entonces a un establecimiento que parece escapado de Bollywood, con el alto volumen de la cadenciosa música india, lleno de colorido, y del que se escapan los penetrantes aromas de las fuertes especias de esa cocina. Mientras tanto, enfrente, el exquisito ambiente de La Saule Pleurer, elegante, refinado, silencioso, apenas acompañado por música de cámara, se ve amenazado por el nuevo competidor. Madame Mallory se propondrá a toda costa, sabotear —sin brincarse la ley— el avance de este establecimiento, “la muerte del buen gusto”. La subtrama de interés es la relación que se establece entre el joven cocinero indio, Hassan, y la bella francesa que forma parte del equipo de sus rivales, Marguerite. Hallström convence con esta historia de amor que tiene que superar diferencias culturales y las de sus propios objetivos. No sucede lo mismo con el esbozo de romance entre Mallory con el patriarca indio, interpretado por Om Puri (La ciudad de la alegría). La química entre ambos es nula y no llega a cuajar la posibilidad de un entendimiento amoroso.
Helen Mirren con todo y su gran experiencia olvida en varias secuencias el acento francés pero su interpretación como esta férrea pero bondadosa mujer, le da un buen empujón a la película.
Como le digo, película para salir de buen humor.
